miércoles, junio 28, 2006

Hace de un predio seco, un gran negocio


Es la historia de una mujer que pasó de ser una ama de casa común a una ranchera y empresaria exitosa

Por Sandra Romandía Vega

URES.- María del Carmen está
sentada en medio del monte.
Mira hacia el frente. Atrás, hay
un terreno amarillo de muerte,
de sequedad, de cactus, de
desierto. Frente a ella hay un
huerto, una alfombra de pasto
verde, cientos de animales comiendo
y caminando, un pavo
real, dos guajolotes, muchas
gallinas. “Todo un mundo de
vida en medio de lo que antes
era la nada”, dice.
Treinta años atrás su posición
era similar, pero distinta.
Estaba sentada en su casa,
viendo pasar la vida. Ama de
casa y empleada administrativa
en instituciones, pero sin un
proyecto en concreto.
Ahora cuenta la historia de
su vida como un ramo de fl ores
que le signifi ca el éxito. Se sabe
ganadora y lo demuestra.
Donde todo empieza
Es en uno de los puntos más difíciles
de su vida donde María
del Carmen Martínez Ochoa
empieza a caminar por otro
rumbo.
Después de una vida de matrimonio
y tres hijos, decidió
divorciarse. “De ahí empezó
todo, fíjate, de mi divorcio. Tenía
que hacer algo”, dice.
Carmen al hablar se muestra
contenta y parece querer
contar todo en un tiempo récord;
su plática es ágil y respira
poco para continuar. Sonríe
siempre.
Sentada en su milpa en el
ejido de Santa Rosalía no pierde
el tiempo y cocina un caldo
de carne con verduras, al calor
de la leña encendida.
Han pasado dos décadas
desde que llegó a su cabeza la
idea de tener un rancho y hacerlo
producir. “¿Qué impedimento
tenía? ¿Que soy mujer?...
No”, dice ahora.
A los 30 años decidió empezar
por estudiar una carrera y
eligió la licenciatura en Trabajo
Social, en la Universidad
de Sonora.
Su vida se partió entre su
trabajo, su hogar y sus tres hijos.
Debía entonces, hacer algo
más. “Se me ocurrió y me iba
al otro lado a traer cosas para
vender, hacía el servicio social
en Zamora y ahí les vendía cosas”,
recuerda.
Sólo un borrego
Una vez una clienta no tuvo
con qué pagarle. Apareció entonces
el borrego de la “culpa”,
la razón para iniciar el rancho.
“Primero me dio un borrego
por la deuda, luego dos, y así
me fui haciendo de más, los
hice producir y los tenía en Zamora.
Después eran muchos y
conseguí que me los trajeran
aquí a la milpa. De ahí empezó
todo”.
Y así comenzó un efecto dominó
a la inversa, que no paró.
Un borrego, dos, tres, diez.
Una vaca, dos, tres, cien. Un
pedazo de siembra de alfalfa,
que ahora son 10 hectáreas.
Y de nopal t iene cuatro
tipos en proceso de siembra
para diversificarlos en otro
terreno grande, próximamente.
Aunque antes la situación
era nada fácil pudo obtener
esos frutos. De inicio no había
agua para el terreno que
tenía, sólo era un predio seco
y muerto.
Ella, junto con otras personas
que la asesoraron, ideó
un represo. El agua que pensó
que nunca llegaría a esa
milpa seca y tan alejada de
los pozos, ahora riega varias
hectáreas y es un ejemplo
para sus vecinos del ejido.
Están asombrados.
“No me creían. Ahora vienen
y quieren saber de quién
fue la idea, aparte no creen que
de una mujer”, comenta risueña
María del Carmen.
Una vida diferente
Se sube al tractor cada fin de
semana, cuida el rancho, sus
animales y plantas.
Su vida dio un giro completo
y ahora, aparte de su salario
como administrativa de la Conagua,
recibe la remuneración
de los 500 kilos de queso que
produce semanalmente y distribuye
en Hermosillo.
Sus ingresos aumentan con
la venta promedio de 200 borregos
al año y otros productos
que en menor cantidad comercializa.
“Todo se puede si uno se lo
propone. A mí no me creían y
ya ves, aquí ando feliz a mis
cincuenta y tantos años haciendo
de todo y con muchos
planes”.
Entre sus proyectos está
sembrar tilapia en el represo
este año y comercializarla,
además de exportar el nopal a
Estados Unidos, ya que asegura
tener una oferta.
También tiene planeado
sembrar sábila para exportación
y seguirá con el mantenimiento
de su rancho, ubicado
a unos quince kilómetros del
poblado de Mazatán, y donde
es respetada por su equipo de
trabajadores.
“Soy muy muy feliz, hay
muchas cosas por hacer siempre.
Sólo hay que fijarse una
meta y cumplirla… bueno eso
creo yo”, dice María del Carmen
sin dejar de voltear a ver
sus siembras con un gesto de
orgullo.

martes, junio 27, 2006

A Suripanta

¿Acaso huyes constante a la barbarie de las felicidades del encanto? Tú más que nadie conoce hay tanta lucidez en las oscuridades de lo torpe que siempre se subroga a la incomprensión. Tus textos pareciera se cuelgan del insomnio convertido en coraje, decepción constante y amargura. ¡A codificar en letras lo primoroso y gallardo de la vida misma! A rociar de pólvora lo que no siempre es color oscuro. A descifrar los relieves no sólo del desaliento y frustación. Esperamos esas letras convertidas en belleza literaria. Saludos de tu amiga Sandra Romandía

Dejó todo lo convencional. Quiere servir de forma extraordinari



Dejó su trabajo y terminó su noviazgo para ingresar al Seminario

Por Sandra Romandía.

HERMOSILLO.- Edgardo y su novia se amaban. Quizá, con el tiempo, se casarían. Quizá, después, tendrían hijos.

Pero un vacío inexplicable vino a cambiar todo.

Edgardo Gámez Urquijo hubiera estado de pie en la cocina de su casa, con su esposa, tal vez, preparando el desayuno.

En lugar de eso, está en la cocina del Seminario Mayor, donde pasa sus días y sus noches. Está feliz, o al menos, sonríe de forma constante. Hace ya dos años su vida dio un giro. La novia amada, y los planes de una familia normal, terminaron.

A lo mejor no voy a conocer lo que es el amor de una pareja y de unos hijos biológicos; pero conozco el amor de una señora que me abraza, de un anciano… de toda la gente que me quiere, de la que puedo ayudar, de quienes visito; eso es mejor, y no muchos lo conocerán, es lo que dice el joven de 33 años.

Quince años antes, Edgardo jugaba como cualquier niño, en su barrio El Ranchito, junto con sus nueve hermanos. Trepaba los camiones que su papá administraba y le gustaba imaginarse de grande, trabajando como dueño de muchos de esos.

Creció y después del quinto año de ingeniería y de que un amigo suyo entró al seminario, le nació la curiosidad.

Platiqué mucho y primero mi familia no me apoyaba, pero entré, cuenta. Después de dos años salió de nuevo y trabajaba como supervisor en la planta Ford cuando el amor le llegó.

“Tenía a mi novia, la amaba de verdad, pero a pesar de que ganaba bien y todo, sentía que me hacía falta algo en mi vida, que tenía un vació, y me di cuenta que era esto, vivir para servir”.

A los 31 años volvió al seminario; fue bien recibido por sus superiores y le dieron otra oportunidad.

Después de dos años ama su vocación y no dará reversa.

Me gusta estar aquí, siempre hay algo diferente todos los días, aunque el horario es estricto, asegura Edgardo, así como afi rma disfrutar el simple hecho de estar en los pasillos del seminario, ir a clases, platicar con los demás, y también, hacer las labores pastorales en la penitenciaría.

En veinte años más se imagina trabajando con la comunidad.

Siendo un sacerdote trabajando con los necesitados. Recibiendo amor siempre, del que no todo el mundo puede jactarse de sentir.

lunes, junio 19, 2006

Después de una tarde de calor, trabajo y sobriedades todo se podía esperar. En el centro del cuarto, tú, callabas.
Los ojos quietos de angustia, curiosidad y emoción, se reflejaban también como un espejo en la mano blanca y tintineante. Un vaso cristalino, abrazado de hielos, veía ingresar el licor con soda exótica. Se podría esperar una buena noche cayendo entre las oscuridades cálidas de la ciudad.
El apartamento pequeño, peleado con los retratos, cuadros o colores. Eso sí, un poco ruidoso por los gritos de la refrigeración que ofuscada hacía su trabajo. Y en el centro de él, tu cuerpo. Sobre la silla como suele, con el vaso de licor sabadezco-nocturno para variar, y a punto de dar el paso para prender un Malboro Blanco.
-¿Entonces?- replicaste. El tono fue severo pero a la vez ingenuo. Como si con su volumen pudiera estimular una respuesta. De cerca mis ojos en ti. De lejos mi mirada en otra parte, dentro del buró de mis pensamientos, adentro de ese cajón de los secretos.
Sólo segundos para un segundo cuestionamiento, más quieto, como el que pide disculpas al tono anterior.
-¿Quieres que adivine?- tu pregunta. Un suspiro, mi respuesta. Una risa, un ceño, y una carcajada que da pie a la libertad de la burla, mi continuación.
Por fuera, más allá de la ventana, el ruido de un camión, parecía un tracto camión que hizo alto en la calle pequeña que enreja el terreno del departamento. Jorge Drexler al fondo, deja que el beso dure, deja que el tiempo cure. Socavaba mi respuesta. Ya no sabía si salir o no. El Malboro entre tus manos palidecía, se incorporaba en tu boca rosa, la penetraba y palidecía. Languidecía el tic-tac, se sonrojaba el refrigerador café y viejo que al lado hacía movimientos tembleques de un momento a otro. Antes de responderte debí haber acabado el capítulo, debí presionar la pausa. Debí… debí.

DEL SENTIR SOCIAL, DEL PUEBLO

DEL SENTIR SOCIAL, DEL PUEBLO... Llega al escritorio de la redacción una petición muy especial de parte de personas de la tercera edad que se atienden médicamente en el Isssteson...

Resulta que comentan que el instituto, al que ya tienen que acudir de manera periódica para dar seguimiento a sus padecimientos, eliminó de tajo, junto con la enésima remodelación de la farmacia del hospital Ignacio Chávez, la ventanilla de atención especial a personas de la tercera edad y con alguna discapacidad.

Ahora tienen que tomar su número, su lugar en la fila de acuerdo a como llegan, igual que toda la gente, teniendo que esperar laaaaaarguísimo tiempo para llegar a que le surtan sus medicamentos que, además, en muchas de las ocasiones, no las tienen en existencia y tienen que ir a buscarla a otra farmacia haciendo otro viaje muchas veces no programado.

Sería bueno que las autoridades, cuya cabeza es Daniel Hidalgo Hurtado, diga esta voz es mía y explique lo que está pasando o si hay posibilidades de que este servicio especial, muy especial, vuelva a ser activado... El sentir de la gente mayor es muy sentido de verdad... Ellos lo necesitan...

lunes, junio 05, 2006

..

He pensado últimamente ¡qué escoria de la vida la vejez! O entró sin tocarme la puerta. O sólo juega a tintinear frente a mí. O de plano, mandó sólo a su representante. O, en el peor de los casos, estoy muy equivocada de llamarla aquí, así, en este texto. Consciente de los cambios la siento ingenua acariciarme y acurrucarse entre mis sábanas. Últimamente, y sólo últimamente, he creado una casa de cartón. Con ventanas y puertas como debe ser la vivienda, casi con calle pavimentada como lo exige Infonavit. Adentro, nada pasa, pero sí transcurre. ¿Cómo? En el adiestramiento de los placeres. Últimamente, y sólo últimamente, he cubierto con asbesto las tuberías de mis relaciones interpersonales, sí como la de la obra de Los Bagotes. Pero este asbesto parece que sí es cancerígeno más no mortal. En unas conexiones a mi casa de cartón, que no sirven de mucho. Al contrario que nuestra Señora María de Dolores de los Cielos Ríos, mi obra no fue todo un éxito. O quizá sí, depende el fin.
Lo cierto es que entre el ir y venir de los días, el subir y caer de las horas nada pasa. Últimamente nada pasa. Y no es más que mi culpa, pueril que descansa dormida sin darse cuenta de su responsabilidad, lo acepto. Hace días que mi nariz (que no es nada pequeña) no atraviesa siquiera la ventana. Me he quedado quieta a mirar mis paredes, y esperar, serena, a que algo entre por las tuberías. En la espera fluye el tiempo de la decadencia y vuelve en mí una historia cierta de sobriedad, de calma pero también de hastío. El teléfono suena y no atiendo el llamado. La puerta reproduce los sonidos de unos nudillos que chocan con ella. No abro. La calle espera con luces, de noche, el ruido de los autos y la invitación a colearme entre el bullicio late como un corazón recién nacido dentro de un cuerpecito que más bien parece sólo una bola de carne con ojos grises.
No es la vejez, este aislamiento. Mi abuela probablemente tiene más deseos de salir al mundo, al descontrol y a la ultranza de los sonidos que yo.
Es probable que cuando mi casa de cartón se desmorone ante los fuertes vientos, el mundo de afuera ya no esté ahí para mí, besándome los pies como suele acostumbrar. Aún así el temor, no es suficiente.
Cascada de hostilidades recorren mis pisos, cenizas de serenidad, frío entre los 40° grados centígrados. Vida extraordinaria en los últimos días, últimamente. Una conciencia que vuela más lejos aquí dentro, que lo que pudo volar afuera. Las alas no hacen al pájaro, dicen. Y el pájaro no muere en la espera de que le den ganas de partir. Y yo, como él, no desespero…

sábado, junio 03, 2006

Río tanto, y con tantas ganas!
que parece que me acabo el aire
Sonrío primero tibia
y en la añoranza...
persigo los versátiles caminos
Quién imaginaría la diversión
de la equivocación, del riesgo
de la estupidez convertida en mujer
que son mis propios encantos
frágiles destellos de amargura
Sin llanto y con calma
prefiero tomarme el café
así es como decido también
colearme entre el humor
y reír de mis tropiezos
Río tanto, y con tantas ganas
que me vuelo entre el aire
un silencio de pólvora
y sin pucheros ni desencantos
me enfrento a la realidad
Convertir el dolor en humor
es un arte de espantos
pero la fórmula más feliz
de tejer un calcetín
que sabré que algún día se romperá
(de cualquier modo)