
Es la historia de una mujer que pasó de ser una ama de casa común a una ranchera y empresaria exitosa
Por Sandra Romandía Vega
URES.- María del Carmen está
sentada en medio del monte.
Mira hacia el frente. Atrás, hay
un terreno amarillo de muerte,
de sequedad, de cactus, de
desierto. Frente a ella hay un
huerto, una alfombra de pasto
verde, cientos de animales comiendo
y caminando, un pavo
real, dos guajolotes, muchas
gallinas. “Todo un mundo de
vida en medio de lo que antes
era la nada”, dice.
Treinta años atrás su posición
era similar, pero distinta.
Estaba sentada en su casa,
viendo pasar la vida. Ama de
casa y empleada administrativa
en instituciones, pero sin un
proyecto en concreto.
Ahora cuenta la historia de
su vida como un ramo de fl ores
que le signifi ca el éxito. Se sabe
ganadora y lo demuestra.
Donde todo empieza
Es en uno de los puntos más difíciles
de su vida donde María
del Carmen Martínez Ochoa
empieza a caminar por otro
rumbo.
Después de una vida de matrimonio
y tres hijos, decidió
divorciarse. “De ahí empezó
todo, fíjate, de mi divorcio. Tenía
que hacer algo”, dice.
Carmen al hablar se muestra
contenta y parece querer
contar todo en un tiempo récord;
su plática es ágil y respira
poco para continuar. Sonríe
siempre.
Sentada en su milpa en el
ejido de Santa Rosalía no pierde
el tiempo y cocina un caldo
de carne con verduras, al calor
de la leña encendida.
Han pasado dos décadas
desde que llegó a su cabeza la
idea de tener un rancho y hacerlo
producir. “¿Qué impedimento
tenía? ¿Que soy mujer?...
No”, dice ahora.
A los 30 años decidió empezar
por estudiar una carrera y
eligió la licenciatura en Trabajo
Social, en la Universidad
de Sonora.
Su vida se partió entre su
trabajo, su hogar y sus tres hijos.
Debía entonces, hacer algo
más. “Se me ocurrió y me iba
al otro lado a traer cosas para
vender, hacía el servicio social
en Zamora y ahí les vendía cosas”,
recuerda.
Sólo un borrego
Una vez una clienta no tuvo
con qué pagarle. Apareció entonces
el borrego de la “culpa”,
la razón para iniciar el rancho.
“Primero me dio un borrego
por la deuda, luego dos, y así
me fui haciendo de más, los
hice producir y los tenía en Zamora.
Después eran muchos y
conseguí que me los trajeran
aquí a la milpa. De ahí empezó
todo”.
Y así comenzó un efecto dominó
a la inversa, que no paró.
Un borrego, dos, tres, diez.
Una vaca, dos, tres, cien. Un
pedazo de siembra de alfalfa,
que ahora son 10 hectáreas.
Y de nopal t iene cuatro
tipos en proceso de siembra
para diversificarlos en otro
terreno grande, próximamente.
Aunque antes la situación
era nada fácil pudo obtener
esos frutos. De inicio no había
agua para el terreno que
tenía, sólo era un predio seco
y muerto.
Ella, junto con otras personas
que la asesoraron, ideó
un represo. El agua que pensó
que nunca llegaría a esa
milpa seca y tan alejada de
los pozos, ahora riega varias
hectáreas y es un ejemplo
para sus vecinos del ejido.
Están asombrados.
“No me creían. Ahora vienen
y quieren saber de quién
fue la idea, aparte no creen que
de una mujer”, comenta risueña
María del Carmen.
Una vida diferente
Se sube al tractor cada fin de
semana, cuida el rancho, sus
animales y plantas.
Su vida dio un giro completo
y ahora, aparte de su salario
como administrativa de la Conagua,
recibe la remuneración
de los 500 kilos de queso que
produce semanalmente y distribuye
en Hermosillo.
Sus ingresos aumentan con
la venta promedio de 200 borregos
al año y otros productos
que en menor cantidad comercializa.
“Todo se puede si uno se lo
propone. A mí no me creían y
ya ves, aquí ando feliz a mis
cincuenta y tantos años haciendo
de todo y con muchos
planes”.
Entre sus proyectos está
sembrar tilapia en el represo
este año y comercializarla,
además de exportar el nopal a
Estados Unidos, ya que asegura
tener una oferta.
También tiene planeado
sembrar sábila para exportación
y seguirá con el mantenimiento
de su rancho, ubicado
a unos quince kilómetros del
poblado de Mazatán, y donde
es respetada por su equipo de
trabajadores.
“Soy muy muy feliz, hay
muchas cosas por hacer siempre.
Sólo hay que fijarse una
meta y cumplirla… bueno eso
creo yo”, dice María del Carmen
sin dejar de voltear a ver
sus siembras con un gesto de
orgullo.
