lunes, octubre 30, 2006

Hay de hoteles a hoteles en New York






- ¡----Ay cabrón! Uno de mis objetivos era llegar hasta acá y ahora no sé cómo reaccionar.

- ----Pues yo vine sólo en invierno y se ve muy distinto nevado a ahorita que hasta calorcito hace.

- ----Si esto es Nueva York… yo quiero quedarme aquí.

- ---- Jaja.

- ---- Es en serio, me siento a gusto.

- ---- Mmm…

- ----Oye, y ¿dónde vamos a dormir?

- ----Ya veremos. Igual podemos ir a un antro y no dormir ¿ves?

- ----Pues sí… igual

Había llegado en uno de esos camiones administrados por chinos que salen cada hora desde Boston. El ticket sólo 15 dólares. Dos horas de camino.

Aterricé en el barrio chino. Impresionante: restaurantes con pollos casi vivos en sus vitrinas, olor a basura con pollo crudo en todos lados, chinos caminando de un lado a otro, mucho ruido, abundantes taxis amarillos. Chucherías, playeras, cositas baratísimas. Carretas callejeras con comida china a un dólar el platillo. Un templo budista. Otro de no se qué. Tiendas con nombres en letra occidental, una diagonal, y en chino. Está en chino salir de ese barrio… ¿a dónde y cómo saldríamos? Ni idea.

¡Va! Todo fuera como comprar un mapa de 5 dólares. Después de ahí, con los dólares contados, Carlos y yo recorrimos lo que se pudo: viaje en bote hacia la estatua de la libertad, hacia la isla de no se qué, al museo de cera, Empire State, Wall Street, zona cero, Central Park, Fifth Avenue… cansadísimo, chingado. Aparte una perdida muy buena en el subway que es uno de los más grandes del mundo. Es complicado, dice el Carlos. No es como el de Boston. Aparte de colores, las líneas tienen número y letra y no se qué. Cruzamos a Brooklyn, Queens… de nuevo a Manhatan. ¿Hambre? Un hot dog deprimente e insípido de un dólar en una carreta.

El último punto de visita, el primer día, fue el Rockefeller Center…

- ---Carlos, me estoy asustando. ¿Dónde dormiremos?

--Mmm… hay que ir a un bar, de ahí después vemos.
--Un bar por la 8th avenue. Sencillo pero caro: como todo en Nueva York. La una de la madrugada.

- ---Carlos, y ¿ahora? Nos están echando del bar, me siento un poco ebria.

- ---Vamos a un Seven Eleven a comprar más cerveza, nos robamos un vaso de café y ahí la echamos. Tomamos en la calle, caminando.

- ---Un delito total… ¡acepto!

Caminando, ya medio desequilibrados, buscamos un hotel. Sorpresa: RATE: 200 dlls. per night

- ---¡Puta! Vamos a otro –dijo el Carlos.

Avanzamos más. Otro, este se veía más sencillo. Tarifa: 150 dlls la noche.

- ---¡Ay cabrón! Ahora sí que no dormimos… y ¡no aguanto las ganas de hacer pipi! –grité con cierta impaciencia.

---- Has en esa macetera… nadie te verá, hombre.

- --- Carlos… qué miedo. Pero bueno, no aguanto.

Realmente fui una delincuente al hacer en una jardinera frente al Rockefeller. Además, después descubrimos que había cámaras por fuera de los edificios. Chucha. Pude haber perdido hasta mi visa de haber sido arrestada.

- --- Sandra, no queda de otra. Hay que buscar un lugar con vigilancia para dormir por ahí al menos hoy, ya mañana vemos.

- ---Sí, donde haya policías cercanos, para alejar el riesgo de un asalto… ya es bien noche Carlos. Aunque ve… está lleno de luces, carros y taxis. Realmente la ciudad no duerme.

En los alrededores del Rockefeller había lo que parecía un restaurante en descanso. Las mesas y sillas acomodadas y amarradas afuera, las de la sección exterior, se veían tentadoras.

- ---Sandra, ¿cabremos debajo de las sillas? Tú te metes en una filita y yo en la otra, hacemos forma de “L”. Nos encontramos las caras.

- ---¡Chin! Qué miedo Carlos. Pero bueno, no hay de otra. Además ya estoy borracha y con sueño.

Resignada gateé debajo de las sillas acomodadas en fila. Me arrastré. Carlos también, nos cubrimos con unos periódicos. Nadie nos vería a menos que se pusieran a buscar bajo unas sillas amarradas en plena madrugada. Saqué el chip de mi cámara y mi visa, y me los guardé en la ropa interior. Lo demás me lo pueden robar y no hay problema. Traté de relajarme, tomé la mano de Carlos. Me puse los walkman y escuché a Drexler. No tardé ni dos minutos en dormirme.

Justo a las 6 de la mañana me desperté con una resaca tremebunda. Había llovido pero nuestro cobijo fue fuerte y ni nos salpicaron las gotas de Manhatan.

- --- Levántate, Carlos. Quiero hacer pipí. Hay que ir a un Mc Donalds a asearnos.

Fuimos al Mc Donalds más cercano y cada quien a su baño. Cuando entré para, penosamente, lavarme cara, boca, manos y demás, encontré a una viejecita gringa un poco sucia, haciendo exactamente lo mismo. Tenía cara de recién despertada también.