lunes, noviembre 27, 2006

Adiós a Blancornelas

PERIODISMO DE LUTO... La pluma que se atrevió a cuestionar las corruptelas del sector oficial y hasta las redes del narcotráfico ya no escribirá más, pues ayer murió el maestro Jesús Blancornelas víctima de una enfermedad...

Blancornelas enfrentó con un valor inaudito los efectos de los reportajes agresivos, denunciantes y peligrosos que escribía y que ahora, prácticamente ya nadie quiere hacer porque el narcotráfico tiene tan extendidas sus redes que fácilmente acallan las voces que se atreven a plantear alguna situación que infiera a ellos.

El periodista sobrevivió a un atentado en el año de 1997, luego de tomar en sus manos la denuncia contra el narcotráfico y de estar al frente del semanario Zeta, mismo que creó en 1980 y que dejó a principios del año por presentar molestias del mal que ayer en la madrugada acabó con su vida en el hospital del Prado donde se encontraba hospitalizado desde el domingo 19.
Que descanse en paz Jesús Blancornelas...

miércoles, noviembre 22, 2006

¿Dónde quedan las mentadas 'Cataratas del Niágara' esas??




¿Las Cataratas del Niágara? Cuando escuchaba eso, me sonaba a que era algo lejísimo. De esos lugares raros, medio orientales, medio en la punta del polo de la punta del dedo del universo. Hasta me sonaba a albur. Bueno, eso fue muchos años antes; quien me lea va a imaginarme más inculta de lo que ya soy.

Después de recorrer en un auto alquilado parte del estado de Massachusets y el de New York, una parada en Albany y otros lugarcillos más, al fin llegamos. Sí que nos perdimos un poco… a punto de llegar a Búffalo y a no sé dónde más.

Bueno, nada se compara, ni el cansancio, ni las peleas en el carro, ni las perdidas, ni el gasto, con lo que encontré al llegar.

Puta, las cataratas del lado estadounidense eran el fin del mundo ante mis ojos. Y a mí me gustaba ese fin del mundo.

Estaba oscuro pero luces artificiales iluminaban esas cortinas de tela de agua del tamaño de Dios. Son interminables. Son ruidosas. Son el fin del mundo.

Al otro día, después de dormir en un hotel de paso maloliente, pasamos de nuevo a ver el fin del mundo. Paseé en un barco que cruza del lado estadounidense al canadiense. La vista es más espectacular aún. La ciudad canadiense que es Canadan Niagara Falls (la estadounidense es American Niagara Falls City. Sí, qué imaginación) es muy pequeña pero con grandes edificios y, sobre todo, hoteles.

Parece reunión de la ONU en los pasajes turísticos. Gente del oriente, de Sudamérica, del polo norte… del fin del mundo. Todos en el fin del mundo, andando en un barquito, salpicados del agua de las cataratas, impresionados, viendo, tomando fotos, sonriendo, unas personas llorando. Valió la pena endeudar mis tarjetas de crédito por tomar la aventura de tomarme un avión sola y llegar hasta Carlos, mi amigo, y recorrer todo eso. Quería tocarlo todo y llevarme todo a casa. Desgraciadamente, sólo pude llevarme uno que otro souvenir de dos dólares la pieza. Bueno, además vi el fin del mundo.