miércoles, julio 04, 2007

bye bye love





La hora de partir de esta ciudad de monstruos se acerca.
Pude haber escrito mil cosas más.
El problema es que todo lo vivido aquí fue tan intenso e íntimo que resulta imposible de entender por el lector promedio y de escribir por una redactora promedio como yo.
Lo académicamente aprendido queda en los trabajos escolares, en los escritos para la posteridad, cosas más serias vaya.
Pero bueno, hoy para despedida, aparte de unas cuantas borracheras y salidas a los bares defeños, qué mejor que mi última ración de Tacos Álvaro Obregón. El restaurante situado justo frente a casa, fue mi mejor lugar de refugio de embriaguez, de solución para satisfacer el hambre, el antojo y hasta el aburrimiento. Porque sí, lo reconozco, comía por aburrimiento en ocasiones.
No por nada subí 11 kilos desde que llegué aquí. La levadura y los tacos al pastor no perdonan ¿no?
Esta noche me acompaña mi amiga hermosillense Natalie. Fue la última de 12 visitas sonorenses en seis meses de exilio estudiantil. Casi dos por mes. Y yo, gozosa.
De haber pasado otros seis meses aquí, y si las cuentas no me fallan, hubiese subido 22 kilos y habría recibido 24 visitas en total. Casi la mitad del peso que tenía cuando llegué y la mitad de amigos que cuento como allegados. Santo cielo.
Menos mal que todo acabó. Mas mal que menos bien, porque llegó la hora de trabajar en serio.
De demostrar que no sólo vine a engordar, llenarme de grasa y levadura. De mostrar al mundo quién quiero ser y qué puedo ser, aunque muera en el intento.
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Adiós D.F, adiós por las angustias. Adiós por las soledades, por el esmero en mí. Adiós por las contradicciones y las verdades. Por descubrirme tal y cómo soy, por sacar a la luz del mundo este carácter voraz en un mundo en que todos quieren caber no importa a qué precio.
Adiós tacos al pastor. Adiós Pata Negra, adiós Jacalito. Adiós tardes fumadoras. Adiós caminatas extenuantes. Adiós lecturas interminables, discusiones intelectuales. Adiós Ibero, adiós tareas, adiós olor a tacos de suadero en las calles. Adiós películas y discos baratos. Adiós soledad, adiós relax. Adiós smog de la ciudad, adiós metro, adiós suelo sobre un lago. Adiós temblores, adiós centros nocturnos que terminaban diurnos. Adiós vida de estudiante, adiós. Adiós estadía placentera, adiós corazón de México. Y, gracias por todo.




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