domingo, agosto 31, 2008

Marcha de la inseguridad de la gente que puede vivir con seguridad








Sandra Romandía

-


-----¿Sabes qué te sale mejor, Julia?

- --¿Qué?

- --Que tu hijo vuele directo del aeropuerto de acá a París, con las escalas que tiene. Porque si se va primero a Estados Unidos a quedarse con su amigo, sí le puede salir más barato pero es más tiempo.

- --Se lo dije, lo pensé.

- --Sí mira, te sale como quinientos dólares más nada más, y es mucho más sencillo. Dile al Raulito, hombre, que se deje de cosas –insiste la señora A a la señora B.

Las dos visten de blanco. Las dos con un tono peculiar de hablar, que recuerda a la clase burguesa de ascendentes europeos y clase acomodada, caminan por una razón. Dicen que es la seguridad, la seguridad de todos, desde que “todos somos Martí”.

Llevan joyas de marca, (como si el hecho de utilizar metales finos no fuera suficiente, hay que lucir una microleyenda TOUS o TIFFANY &Co.) Caminan con garbo, enseguida de ellas van sus maridos. Dos hombres altos y rubios, como ellas. Visten de blanco, como ellas. Hablan de viajes, como ellas también. Temen ser secuestrados, quizá y quizá por eso irrumpen entre plática y plática de negocios y placer para decir: “¡México!” “¡Seguro!” “¡México!” “¡Seguro!” “¡México!” “¡Seguro!”


En le caminata, antes de la primera mitad llegara al Zócalo, aparece escoltada por supuestos civiles vestidos al tono de la marcha Laura Zapata. Hay gente que la mira con morbo y curiosidad. Y otros la entrevista y ella, vestida de blanco, con un chongo en su cabello color oro natural, habla con casi gritos frases sueltas sobre lograr justicia, mientras sostiene una vela. Y muchos le admiran, le observan y creen que es casi una de las protagonistas de la marcha, porque desde hace unas semanas que “todos somos Martí”. Y Laura también lo es. Y es querida por eso, y porque fue la hermana de Marimar y María la del Barrio en las novelas y, por si fuera poco, se ven tan guapa como en la tele. Entonces el protagonismo de la pariente de Thalía se pierde por unos minutos: “Mexicanos al grito de guerra, el acero, aprestad y el bridón”… Son más de cien mil almas cantando al mismo tiempo entre edificios tan viejos como ricos en historia. El canto de himno sigue y los marchantes dejaron de hablar para cantar y para verse los unos a los otros. Unos se paran de puntillas para ver al frente, otros atrás. Es una marcha de nunca acabar y se ven los rostros serios, como si realmente encabezaran una lucha por la paz.

La marcha de la gente nice del D.F. tuvo un final feliz, a fin de cuentas. Ningún atentado, secuestro a forma de burla, granadazo o boicot, ni la lluvia. Tuvo un día gris de aroma a protagonismo de todos, porque “todos somos Martí” y México está harto de eso.

Al finalizar el himno señora B le dice a A:

- --¿Sabes qué? Ya sé qué se me antoja. Irme con Raulito hasta París nada más para dejarlo bien instalado, porque allá está también la hija de Silvina ¿no?

- --Sí, de paso la saludas. No es mala idea…

miércoles, agosto 27, 2008

Lecciones desde el encierro


PRIMERA DE DOS PARTES

Por Sandra Romandía Vega

Son poco más de 300 presos los que cursan universidad mientras cumplen su condena en una de las pocas prisiones de Latinoamérica que cuenta con esta opción

Alrededor del 35% de presos comunes reinciden, pero esa cifra baja al 3% en el caso de los presos que cursaron materias en la Universidad de Buenos Aires instalada dentro de la cárcel

En los pasillos de las aulas de Devoto se puede soñar por momentos que la prisión no existe y que no hay delincuentes en el mundo, que todos corren con los mismos derechos y tienen aspiraciones posibles de lograr


BUENOS AIRES.- Pablo no quiere que se le noten las ganas de soltar el llanto. Nunca fue la intención de que la plática tomara un tono trágico. Me admite que lucha porque no le flaqueen las piernas y se le doblen los brazos como cuando "se pone mal". No tarda en agachar la cabeza. No lo puede evitar.

Pablo tiene 33 años y casi una tercera parte de su vida la conoce sólo en prisión. Pocas veces habla del encierro y de sus planes, si es que hay. De su vida perdida afuera, de lo que aprendió y lo que no volvería a hacer. Cuando platica de eso empiezan los problemas pero, al rato, solos se solucionan.

Ya había pasado por la cárcel antes, muy pequeño. Cuando la vio, pensó que era un lugar horrible y muy alejado de su realidad. Pensó que nunca tocaría esas rejas. Sólo pasó por fuera, en la colonia Villa Devoto. Era un niño apenas.

–Esa es la cárcel, ahí encierran a los malos –le dijo su padre.

–Los malos deben ser muy malos –sólo recuerda que pensó.

Ahora aquí está conmigo. Adentro del lugar que percibió algún día como la casa de los malhechores de las caricaturas y él, no se siente malo “tan malo” como pensaba que eran los malos.

En estos días cumple con sus 18 años de sentencia y se aferra a algo. Pablo tiene la opción de caminar diariamente por un diminuto paraíso: la posibilidad de olvidarse por algunas horas que es un preso. ¿Puede un condenado perderse en los muros de una universidad instalada dentro de una cárcel y dejar de lado la idea de que es un reo? Pablo dice que sí.

Cuando entré por primera vez a la cárcel de Devoto, en Buenos Aires, pensé que no aguantaría por muchas horas la tensión en el ambiente. Lugares así siempre son íconos de problemas, tensión e historias trágicas. Historias trágicas definitivamente sí, pero en los pasillos de las aulas de la Universidad de Buenos Aires en Devoto se puede soñar por momentos que la prisión no existe y que no hay delincuentes en el mundo, que todos corren con los mismos derechos y tienen aspiraciones posibles de lograr. Por un momento no se ve a varios metros algún tipo de celdas, nadie lleva esposas puestas, y ni si quiera se distingue quiénes son los celadores, los maestros y los alumnos. Son caras, la mayoría muy amables. Son risas en los pasillos y libros en manos y manos, debajo de brazos y brazos. En el área de aulas se vive bien, es otra cosa, asegura Pablo.

Fue un experimento. La extensión de la Universidad de Buenos Aires instalada dentro de la cárcel de Devoto es la respuesta a un cúmulo de peticiones de parte de presos de clase media alta que comenzaron a invadir la prisión en la década de los ochentas. En aquel tiempo no había referencia de un caso similar. No se sabía en ese entonces, lo que pasaría después. Lo cierto es que desde hace veintitrés años maestros y estudiantes habitan un espacio de cierta libertad artificial. Hay aulas, biblioteca, computadoras, mesabancos y pizarrones. Hay lecciones desde el encierro. Hay, también, graduados que tras las rejas son licenciados sin oficio.

Cuando conocí a Pablo dentro de la sala de maestros, no había reconocido si era un docente o un alumno. Es guapo y atractivo. Tiene treinta y tres años pero su rostro parece de veinticinco, lleva el pelo largo recogido por una liga, viste ropa informal como de rockero suave de los noventas. Es amable a veces en exceso y muestra cierta soltura al hablar, como la mayoría de los argentinos.

–Yo bajaba (a tomar lecciones) para salir del pabellón, porque se vive de diferente manera. Por acá se vive bien pero allá no se vive muy bien que digamos. Estar acá de nueve a seis de la tarde en otro ámbito que no es la cárcel meramente, hablando con profesores es distinto, ¿entendés? –cuenta mientras platica conmigo en una aula vacía de las seis que hay en total en el área universitaria de la prisión. A esa área sólo tienen acceso los alumnos inscritos en cursos o una licenciatura. Es un espacio cerrado, el más cercano a la entrada y salida general de la cárcel. Aparte de los docentes y trabajadores, nadie más puede acceder a esa sección de la penitenciaría; no visitas, no curiosos. Yo pude entrar como ayudante de un maestro, Aníbal Loguzzo. Después de algunos filtros, sin revisiones corporales, estar dentro de la UBA en Devoto resultó sencillo.

Los reos caminan con ropa casual por los pasillos, cargan libros, hacen bromas, platican con los maestros. A veces las relaciones son más profundas. Hay ocasiones en que el docente tiene que ser psicólogo y amigo porque son el único contacto que muchos tienen con gente del exterior, cuenta Loguzzo quien imparte cátedras en Administración. El ambiente es distendido y los mismos presos tratan de que ese espacio no parezca una cárcel, no son las reglas del juego típicas de un sistema de intercambio entre prisionero y celador.

Para Pablo la universidad en Devoto fue una segunda oportunidad de vida. Ahora cursa Administración y Contador Público. En 1998 fue cuando cayó preso y espera libertad transitoria en marzo del próximo año. Su juventud ya se fue entre cuatro paredes, está consciente de eso. Aunque al entrar me pidieron que no preguntara los motivos de su encierro a los presos, no pude resistir.

-Pablo, me han pedido que no te haga esta pregunta, si quieres no respondas. ¿Por qué caíste preso?

-Pues yo vine por causa de robo, tiroteo, asesinato y extorsión… cosas así. No tengo problema en decirlo, esa es mi carátula pero sólo diré eso. Tenía veintitrés años; se me subió la rebeldía a la cabeza, una cosa horrible. Yo no era así. Fue una etapa, una etapa que me dejó aquí sin mi hijo y mi mujer. Sin mi familia, porque mi vieja murió y sólo tengo a mi padre que lo he visto dos veces en casi diez años.

Al terminar la charla salimos al pasillo donde hay más aulas. Pablo se despide muy animoso, como si le hubiera servido platicar de temas de los que normalmente no habla. Sus ojos están un poco acuosos. La sonrisa firme. Me agradece haber ido a entrevistarlo. Me muestra la salida después de darme un abrazo. Yo veo en el pasillo angosto la puerta que llevará a las salidas principales. Justo en esa, arriba en la pared hay un letrero con letra a mano casi infantil: “Gracias por su visita, lo esperamos pronto”.

lunes, agosto 25, 2008

Rosa la Negla





LA HABANA, Cuba.- ----¡No, niña! Eto que etamo viviendo aola no se palece nada a lo de ante… no, no y no. Mile uté: yo antes no tenía ni dónde domil. Sí, así como me oye… yo lomía en la calle, londe se pudliera, ¿ve?

- -----Pero igual la situación está muy fea, ¿no?

- -----Ay pues sí pelo plefiero así. Mila que con Fidel al menos tengo mi cualtito y mis cositas… vendo estos jaboncitos y de ahí saco algo ¿me entiende?

Doña Rosa platica como si se le fuera a acabar el tiempo. Al principio, cuando mis amigos me la presentaron no quería ni hablar. Me senté a un lado de ella, y ella evitaba mirarme. Veía hacia la calle estrecha, hacia el pavimento cuarteado, los carros viejísimos con la lámina despintada y podrida y los edificios de su barrio que amenazan con venirse abajo al primer estornudo.

El barrio San Juan está escondido porque podría ser una muy mala postal para los turistas que desde los noventas son el sostén principal de la isla. Es como una colonia perdida tras bambalinas a donde se pude llegar sólo con la guía de los lugareños.

Las calles son angostas, la gente de color se reúne en las banquetas a hablar de futbol, el color original de los edificios ya no se distingue y cada uno de estos inmuebles aloja a más cubanos para lo que originalmente estaban diseñados.

Afuera de uno de estos, en un escalón dañado se sienta Doña Rosa todos los días. Dice que no muere de hambre porque la fe le da para vivir. Tiene seis jabones en el suelo, le gustaría mucho vender uno hoy.

- -----Ay lo que a mí me gutaría e que vinieran ya a aleglalme mi cualtito… ¡velá como se etá cayendo todo! Y luego etá hata aliba, ¡con etas pielnas! E difícil niña, e difícil. A mí la gente me dice que me vaya allá, al centlo o la Habana Vieja a pedí… ay pero no… a mí me da mucha velgüenza… “pelo si te etá muliendo de hamble” me dicen. Pero no, yo no quiero telminá ahí piliendo a lo tulitstas ¿tú ve? –dice-casi-grita Doña Rosa.

- -- --Sí, sí veo… ¿puedo venirla a visitar mañana?

- -- --Sí, niña. Como quiera, no má dime… ¿cómo están tu amigos los de allá de México? ¿Cómo etá Rosa, tu amiga, que yo le decía “Rosa la blanca” polque yo soy “Rosa, la negla”? ¿Cómo etá Memo y Fano?

- -- --Muy bien, Doña Rosa, muy bien.

- -- --¡Ah, qué bueno entonce! Qué bueno que TODO etemos bien… E bueno, ¿me entiende? No debelía de quejalme ¿no? Mientlas haya vida…

sábado, agosto 23, 2008

Fortuna y hambre en Guaymas

La historia de un hombre que acabó con la fortuna de su suegro, y dejó sin pan a sus empleados además de hacer un negocio redondo con sus propios bienes en busca de mantener la riqueza perdida.

“El señor Fourcade era el más rico de Guaymas; y terminó sus últimos días viviendo solo, en un cuarto fiado de hotel”

“Cuando bajaron a tierra los trabajadores tuvieron la grácil sospecha de que algo no andaba bien”

“René hizo una jugada como quien empeña a su hijo y después va y lo roba de la misma tienda”

Por Sandra Romandía

GUAYMAS.- Los pescadores se habían abrazado, como cada retorno, al llegar a tierra firme. Eran casi veinte, y con ellos casi veinte sonrisas. Casi veinte pechos vaciados en la satisfacción del regreso a casa con vida y, además, con un salario que estaban a punto de recibir después de tres semanas de navego en alta mar en busca de camarón, en el área de Topolobampo, Sinaloa.

Eran días previos a la navidad del 2001. Justo siete años después de que el país viviera una de sus peores crisis económicas que retumbó en cada rincón. En ese tiempo el puerto pesquero de Guaymas ya se recuperaba poco a poco. Las familias pesqueras habían salido adelante con ayuda de cada miembro, pero aún los padres eran el sostén del hogar.

Era casi navidad del 2001. Un clima difícil de olvidar que humedecía los tubos de acero de las embarcaciones, hacía sacar vapor de frío en las madrugadas, y congelaba a veces los pequeños charcos de agua de los tres barcos en los que andaban.

Cuando bajaron a tierra los trabajadores tuvieron la grácil sospecha de que algo no andaba bien. Algunos ya tenían experiencia en ese tipo de contingencias y vivieron la anécdota una vez más: no abría pago alguno.

Después de llegar al puerto fueron trasladados en camión a Guaymas donde los esperaría en su oficina la secretaria y los demás empleados.

Al llegar al lugar del pago, después de un viaje de varias horas, los pescadores vieron los rostros de los empleados administrativos. Todos ellos tenían la típica cara de vergüenza que solían ofrecer cuando no había más que dar -recuerda un trabajador que prefiere el anonimato y añade –“nos la habían hecho una vez más: el salario para después”.

Ahí empezó uno de los días más significativos en la vida de los más de diez trabajadores que llenaron de expedientes de demandas los escritorios de los abogados de René Cervantes Hernández, el hombre que dejó sin pan en varias ocasiones a sus empleados y que, además, supo manejar el don de terminar en unos años una fortuna familiar milenaria e históricamente conocida en toda la ciudad de Guaymas.

¿Quién se acabó la fortuna?

Entre quienes lo veían, pocos creían que un solo hombre pudiera quedar tantas veces mal a sus empleados y que además fuera capaz de encabezar fraudes y problemas legales de todo tipo.

René era en ese entonces un hombre sonriente, muy bien parecido, alto y blanco con figura esbelta –recuerda un ex empleado –de ese tipo de hombres que no parecían empresarios pero sí se veían siempre ocupados; nunca duraba más de una hora en la oficina. Era acelerado en su forma de hablar y fácilmente le bajaba el cielo, la luna y las estrellas a un empleado con tal de arreglar una situación, aunque después no cumpliera, dice.

Pocos se imaginarían, quizá, que ese mismo hombre iba a acabar con la vida empresarial de los once barcos que heredó su esposa y que, no obstante, terminaría por convenir un plan final en un “negocio redondo”, en el que a sus mismos empleados les vería “la cara” nuevamente.

La historia de amor

Guaymas 1980.

Francisco Forucade, el hombre conocido como uno de los millonarios más importantes Guaymas llevó a su hija veinteañera, María Antonieta Fourcade, a la agencia de carros Nissan en busca de una nueva unidad.

El proceso de elección no fue difícil y al final su padre le preguntó:

–Entonces, ¿qué carro vas a querer?

–Quiero ese que está allí –señaló con el dedo a René Cervantes, en ese entonces de más de veinte años de edad –no quiero carro, lo quiero a él.

René era guapo y muy bien parecido, todo el mundo lo dice. Ella se fijó en él y se aferró en casarse aún en contra de la voluntad de su papá, recuerda un abogado cercano a los casos de demandas.

“Le fue bien (a René)… ¿por qué? Pues porque se casó con la hija del más rico de Guaymas, así de sencillo”, reconoce su hermana Maricela Cervantes quien recibe a esta reportera en una casa visiblemente humilde ubicada en el centro de la ciudad sobre una calle sin pavimentar.

René fue criado en el barrio, entre los niños de las colonias populares del puerto. Creció y vivió hasta su matrimonio en la pequeña casa vieja ubicada en la calle Séptima y Veinte. De adolescente quizá nunca imaginó que su suerte cambiaría al conocer a una mujer tan rica como la propia fortuna de la empresa de barcos más importante de Guaymas.

A principios de los ochentas la pareja finalmente venció y se casó. Procrearon a dos hijos.

El declive

¿Cómo puede una fortuna familiar ir desapareciendo poco a poco, como se consume el segundo piso de un reloj de arena?

La empresa Pesquera Trans/american S.A. de C.V. se constituyó en 1991 por el señor Fourcade. Sería la última sociedad que formaría antes de acabar su fortuna en manos de su yerno.

Tres años después el yerno, René Cervantes, constituiría el día 25 de mayo la empresa Rema S.A.de C.V. para administrar los 12 barcos sardineros y camaroneros que su suegro le dejó mientras se fue a viajar por el mundo por placer, aunque también los rumores pueblerinos señalan que huyó por problemas con la justicia.

A partir de esa fecha las cuentas empezaron a salir mal. En la plaza frente a Palacio Municipal de Guaymas, los viejos pensionados que a diario se sientan en las bancas a platicar de las noticias y del pasado, comenzaron a reconstruir una historia. Un mito, una leyenda y una verdad de cómo se fue para abajo la fortuna Forucade, por tanto tiempo una familia imponente en el puerto.

Durante más de siete años, René Cervantes se dedicó a viajar con su familia, a comprar carros y divertirse en otras ciudades, cuenta un ex empleado.

De pronto la falta de dinero se empezó a notar: se comenzó a hacer constante el retraso en el pago de nómina y a veces éste nunca llegó. Así pasaron varios años de inconformidades, enojos, despidos arbitrarios y ausencia de cobertura de honorarios.

Aquella navidad del 2001, los pescadores habían conseguido más de una tonelada y media de camarón durante tres semanas de viaje. Habían ofrecido el primer camarón al altar de la Virgen de Guadalupe que siempre los observaba acomodado en el centro del barco Rema VIII, cuyo patrón en esa ocasión era Francisco Uruchurtu López. Durante los días en altamar unos a otros se contaban qué les comprarían a sus hijos por la llegada de Santa Clós, el que nunca llegaría.

Un día después de que arribaron a tierra, cuando se convencieron de que no les pagarían lo acordado, una decena de empleados quebró a pedradas los cristales de las oficinas de Pesquera Rema. Furiosos, tomaron rocas de la calle y despedazaron ventanales enteros. Era tarde ya y faltaban algunas horas para el 24 de diciembre. Abandonaron el lugar después del acto y se fueron tristes, convencidos de que no tendrían posibilidad ya de conseguir dinero para comprar regalos.

Las demandas

A partir del año 2000 René Cervantes fue acusado en varias demandas laborales que, en su mayoría, no prosperaron por la falta de recursos económicos de los inconformes.

El abogado Sergio Balmori fue su defensa oficial en casi todos los juicios hasta que, finalmente, dejó de ser su servidor por las mismas razones por las que sus empleados lo demandaron: René nunca pagó honorarios.

Sergio Balmori recibe a esta reportera en su despacho ubicado en la colonia Centenario, en Hermosillo. Toda su oficina es adornada con figuras de motocicletas y reconocimientos de campeonatos de tiro y travesías en motocicleta. El licenciado Balmori, por su aspecto, no tiene menos de 50 años. Hay una pregunta clave para él:

¿Dónde está el señor René Cervantes ahora?

Esa es buena pregunta señorita. Si usted sabe, no deje de avisarme.

En los últimos tres años, nadie sabe de su paradero. Se dice que lo ven de vez en cuando en Guaymas, de cuando en vez en Hermosillo, pero la mayoría del tiempo está en Estados Unidos, en San Diego.

Aunque no se tuvo acceso a un registro oficial, se calcula que René Cervantes cuenta con más de diez demandas laborales, además de juicios de otro tipo.

El expediente 131/02 fue un caso extraordinario. Varios empleados lo demandaron y finalmente ganaron el caso quedándose con algunos bienes como pago por indemnización.

El negocio, la jugada final

Aparte del expediente 131/02, hubo otro caso particular: el 720/03. En éste, dos empleados, Fernando Salazar Miranda y Jesús Antonio Ojeda Dena, demandaron igualmente a Cervantes Hernández en el año 2003.

El proceso continuó hasta dos años después cuando se dictó laudo: los ex empleados ganaron y al fin tendrían justicia.

La Junta Especial Número 23 de la Federal de Conciliación y Arbitraje resolvió que los daños por salarios no pagados y acumulativos a la fecha ascendían a 3 millones 485 mil pesos.

Durante el juicio, René jugó una última carta: declaró como suyos unos bienes inmuebles y barcos para, en caso de perder, se pagara a los empleados con ello, aunque al final no fue así.

El día 25 de mayo del 2005 la Junta celebró un remate que se llevaría a cabo para recuperar, a través de la venta un terreno y varios barcos, la cantidad pactada por la Junta.

El caso estaba perdido y René veía cómo se venían abajo las últimas piezas de su patrimonio.

Las piezas que no embonan

René jamás aceptó perder lo que le quedaba. Jamás. Hasta el último momento buscó hacer un movimiento que le permitiera tener margen para no ceder.

Esta, fue la historia final.

En el último juicio de remate de un terreno en Guaymas y 6 embarcaciones de nombre Rema I, Rema II, Rema III, Rema V, Rema X y María del Socorro, se interpuso un amparo de lo más extraño: resultó que los dueños de esos bienes no era René, sino su hija, su esposa, su compadre y su primo.

El amparo fue el número 854/05 y fue concedido por el segundo magistrado colegiado de asuntos laborales, Ruiz Miranda. Para solicitar el amparo, los inconformes exhibieron escrituras públicas de compra venta de los barcos aún cuando éstos estaban señalados dentro de un juicio. Además, una de las escrituras firmada en la Notaría Pública de Enrique Ahumada Tarín resultó ser falsa, hecho que comprobó el mismo notario.

Aún así, el amparo se aprobó.

Las piezas, quedan sueltas aún dentro de los últimos movimientos en la vida de René Cervantes.

“René hizo una jugada como quien empeña a su hijo y después va y lo roba de la misma tienda”, comenta uno de los viejos de la Plaza Bernardo que a diario se juntan a platicar de la vida.

Las preguntas en torno al caso no cesan.

¿Por qué un magistrado federal otorga un amparo basado en escrituras falsas? ¿Por qué la Junta Federal Número 23 no acata una suspensión de amparo que existe, gracias a la promoción de un tercer afectado? ¿Cómo pudo René vender sus bienes durante un proceso laboral en el que estaban señalados para posible embargo? ¿Cuánto tiempo deberá pasar después de estos 5 años en los que los empleados no han recibido justicia? ¿Hasta cuándo podrá René permanecer ausente sin asumir las consecuencias de la irresponsabilidad patronal que cargó por muchos años?

Hace algunos años, Francisco Fourcade, el gran autor de la fortuna milenaria en Guaymas, murió. Estuvo casi dos meses viviendo en un cuarto del hotel Armida en el puerto. Un cuarto que le fiaba el dueño, porque para entonces ya no tenía fortuna. Todavía 10 años antes de su muerte, el señor Fourcade comentaba con sus amigos en algunas borracheras: “a mí el que me hizo rico fue mi yerno… porque yo era millonario”.

El día de su muerte, la camarera lo encontró convulsionando en su cuarto de hotel, solo y sin fortuna. Víctima de cáncer el señor Fourcade dejó de existir. Acabó su vida, su cuerpo al tiempo que también se había acabado ya su fortuna.

viernes, agosto 22, 2008

Vive su peor pesadilla








POR DEFENDER A SU HIJA, RICARDO CLARK GÓMEZ ESTÁ EN LA CÁRCEL DESDE HACE CASI DOS MESES


Dice ya no creer en la justicia porque siente que en su caso parece estar en su contra.

Por Sandra Romandía Vega.

sandraromandia@expreso.com.mx.

HERMOSILLO.- Sobre una silla de lámina, en un pasillo de no más de dos metros, Ricardo espera su sentencia. Está en el Cereso, escuchando el ruido de los carros y tráileres que pasan por la calle, allá afuera, donde estuvo su hogar. Trata de sonreír y mueve impaciente la pierna, como quien hace alguna fila quiere disimular su desesperación para llegar al final.

Todavía recuerda la noche en casa, dos meses atrás cuando su vida de vendedor de carros y padre de familia era normal.

Se acuerda de la discusión, del temblor en su cuerpo, del miedo.

La pistola y el gatillo.

“Ya venían a mí, yo sé, iban a matarme. Uno por un lado con la navaja, el otro con la pistola, esa que escondieron después. Lastimaron a mi hija, iban a matarme… no sé qué pasó y se disparó”, recuerda Ricardo Clark Gómez.

Se refiere a la noche del 18 de noviembre de 2007. Un día que marcó el rumbo de sus días.

Habían reportado el incidente. Era de tarde. Las dos hijas de Lizeth Cano y Ricardo platicaban con amigos, dentro y fuera de su casa, una vivienda sencilla en la colonia Conquistadores, en el norponiente de la ciudad.

De pronto un grupo de jovencitos que llegó de improviso, se abalanzó a la casa golpeando las ventanas, asegura Lizeth.

“Lo que hice fue meter a mis hijas y después fuimos a dejar en mi carro a los amiguitos, y uno de ellos me dijo que iba a poner un reporte a la Policía y lo hizo.

Llevé a los niños y cuando regresamos no estaban ya los chamacos.

Mi hija se quedó afuera platicando con unos amiguitos que vio. Después oí gritos y llantos.

Una voz que decía ‘¿por qué no vamos a entrar?’. En eso salí y otra vez el grupo de chamaquitos pandilleros estaba ahí; me empujaron contra el carro.

Entré corriendo, le grité a mi esposo y salimos. De los mismos chamacos trataron de detener a uno, y ahí se le vio una pistola. A mi hija la sacaron y a la otra la tenían ya en medio de la calle contra el piso, con una navaja cuando mi esposo salió con el arma”, recuerda Lizeth.

Entonces, Ricardo salió con una pistola en mano que había comprado a alguien siete años atrás y nunca había utilizado.

Miró la escena: su hija de 15 años tirada en el suelo con herida en el brazo por la navaja de un joven; la otra también, asustada y acorralada.

“Tiré un disparo al aire para asustarlos, y me tiraron unas piedras grandísimas. Me caí y se me vinieron encima y fue cuando les vi la navaja y al otro la pistolita. No sé qué pasó, y se disparó mi arma y una sola bala hirió a los dos”, dice. De ahí, cambió su vida. Los dos jóvenes corrieron, heridos, hacia una fiesta cercana y ahí las armas desaparecieron para siempre.

Ricardo, Lizeth, familiares y vecinos aseguran que los lesionados son los “Anormales”, una pandilla de la colonia La Misión que pelea todo el tiempo con un grupo similar, pero en la otra colonia. Los dos jóvenes, de 18 años, resultaron con lesiones en el tórax, de más de 15 días en sanar, pero el reporte es que ya se encuentran dados de alta.

Cuando los agentes policiacos llegaron al lugar donde estaban heridos, en otra casa cercana, ninguna pistola o navaja encontraron de ellos. Ni siquiera la punzo cortante con la que hicieron dos heridas en el brazo de la hija menor.

“Son pandilleros, saben cómo moverse. Después que pasó todo se fueron de ahí con las armas y las han de haber tirado, por eso no quedó registrado, pero sí traían, yo las vi. Me iban a matar”, relata Ricardo.

Lizeth asegura que los jóvenes lesionados, de nombre Jesús Leonel Platt y Marco Antonio García, siempre están armados.

Algunos vecinos de la colonia, confirmaron esta percepción.

Clark espera su sentencia


El caso de Ricardo Clark fue consignado por el ministerio público y se ordenó auto de formal prisión. Desde el 21 de noviembre el señor está en el Centro de Readaptación Social Hermosillo 1, esperando su sentencia.

Los días le pasan lento y trata de ocuparse en cosas para no pensar. “El otro día hice un marco, ¿no le enseñó mi esposa? Un marco como para fotos, de retratos”, dice el hombre con apariencia de un padre de familia de lo más común, con vestimenta alineada y aspecto aseado.

Los detalles de su expediente no le ayudan: no encontraron las armas de los lesionados y su primer abogado –al parecer joven y sin experiencia– no supo defender su caso.

Ahora está en manos de Larisa Rodríguez Pacheco, la defensora de oficio del V Juzgado Penal, quien dice que tendrá que seguir la línea que se inició porque retomó el caso empezado con la figura de legítima defensa. Además señala que es un caso complicado porque Ricardo aceptó que causó la lesión.

La jueza Chastré Leyva Miranda confirma que el expediente está en el periodo de presentación y desahogo de pruebas, el caso no está cerrado ni se puede emitir una posibilidad de sentencia.

Pero de seguir el caso como se consignó por el Ministerio Público, es probable que Ricardo Clark reciba una sentencia condenatoria entre 6 y 24 años de prisión por el delito de lesiones graves que ponen en riesgo la vida. Para él, sus familiares y amigos es una injusticia.

El haber defendido a su hija, le da ánimo cuando se deprime por estar encerrado.

La cárcel no era como Ricardo la imaginaba: pensaba que era estar en celdas con candados y siempre apretado.

“Me deprimo mucho pero pienso prefiero estar en la cárcel mil veces, a que mi hija estuviera muerta”.

Entonces se pone las manos en la cara, cambia su gesto: “si tuviera al procurador enfrente le platicaría mi caso y lo hiciera sentir como si fuera él. Entonces le preguntaría ¿no haría usted lo mismo?”.

ALGUNAS NOTAS POSTERIORES DE SEGUIMIENTO

Publicado: 26 de enero 2008

Dos penalistas se mostraron interesados en defender al padre de familia encarcelado por salvar a su hija

Por Zorayda Gallegos.

zgallegos@expreso.com.mx.

HERMOSILLO.- El caso de Ricardo Clark, quien está recluido en el Cereso por haber defendido a sus hijas de unos pandilleros el 18 de noviembre pasado, llamó la atención de los abogados penalistas Jesús Alberto Garza y Óscar González, quienes están interesados en ayudarlo.

Los abogados se comprometieron a revisar el caso Clark Gómez, ya que su situación jurídica se puede tornar un poco confusa, detalló Jesús Alberto Garza Ozuna.

“Para mi juicio no está bien integrada la averiguación, sí actuó en un estado de necesidad y en defensa propia porque había un peligro inminente, son excluyentes del delito, entonces no hay delito, no tiene por qué estar en el Cereso”, explicó.

El delito se puede excluir porque en su situación se puede dar el supuesto de defensa propia, abundó, donde hubo estado de necesidad de defender su integridad física.

“Puede existir una defensa propia, entonces sí tiene muchas posibilidades, el problema es que ya está consignado, pero no quiere decir que no se pueda hacer nada”, comentó.

No debería estar en la cárcel: abogados


Los penalistas Jesús Alberto Garza y Óscar González dicen que la defensa de Ricardo Clark Gómez puede ir al recurso de apelación y fi nalmente al amparo

Por Zorayda Gallegos.

zgallegos@expreso.com.mx.

HERMOSILLO.- Los abogados penalistas Jesús Alberto Garza y Óscar González, se comprometieron a llevar de manera gratuita el caso de Ricardo Clark, quien desde el 18 de noviembre pasado se encuentra en la Cereso 1, luego de herir a dos pandilleros por defender a su hija.

Consideraron que la averiguación no está bien integrada porque actuó en un estado de necesidad y en defensa propia ante el peligro, por lo que no debería estar en la cárcel.

“Tiene que haber sido un ataque donde haya peligro inminente y se dio ese supuesto, a mí se me hace raro que esté consignado”, indicó Garza Ozuna.

Si le dictan sentencia, la defensa se puede ir al recurso de apelación y fi nalmente al amparo, agregó, por lo que todavía existen puntos a su favor.

Ricardo Clark fue consignado a un juzgado porque el MP del fuero común integró una averiguación previa donde determinó que había presunta responsabilidad, detalló José Larrinaga, vocero de la PGJE.

Publicado: 17 de enero 2008

‘El caso de Clark es injusto’


Líderes sociales dicen que la situación de Ricardo es un ejemplo de la inequidad en la aplicación de las leyes

Por Zorayda Gallegos zgallegos@expreso.com.mx HERMOSILLO.- Diversos líderes sociales solicitaron a las autoridades tener más cuidado con el sistema de procuración de justicia en el estado, ya que casos como el de Ricardo Clark Gómez, quien está preso desde el 18 de noviembre por defender a su hija de unos pandilleros, son un ejemplo de la inequidad en la aplicación de las leyes.

Para Domingo Gutiérrez si el padre de familia actuó en legítima defensa no debería estar recluido porque ejerció su derecho de proteger a un familiar.

“Es muy injusto nuestro sistema de justicia, hay mucha gente inocente en la cárcel, hay muchas fallas”, destacó.

Para Dámaris Ramírez Ramírez, una de las fundadoras del Tribunal Ciudadano “Víctor Abdiel”, el sistema de justicia es viciado de origen, ya que la aplicación de las leyes obedece a intereses muy particulares.

Por su parte el abogado Jesús Alberto Garza ya se puso en contacto con la familia de Ricardo Clark para revisar a detalle su expediente, ya que aseguró es apremiante analizarlo lo más pronto posible por los tiempos procesales. Sin conocer a detalle la situación legal de Clark, el abogado señaló que la averiguación previa está mal integrada.

Pierden tranquilidad por pandillas


Los vecinos de Misión y Conquistadores denuncian que en su sector abundan las pandillas de jóvenes, una de ellas fue la que agredió a la familia de Ricardo Clark Gómez

Por Zorayda Gallegos zgallegos@expreso.com.mx HERMOSILLO.- Desde hace un par de años los habitantes de las colonias Misión y Conquistadores han perdido la tranquilidad en sus calles, ya que las pandillas de jovencitos armados con palos, crucetas y rocas abundan en el sector.

Justamente en la zona donde vivía con su familia Ricardo Clark Gómez, los vecinos comentaron que el señor es una persona tranquila, que nunca tuvo problemas con nadie hasta el día que se enfrentó con los pandilleros para defender a sus hijas.

“Es un padre de familia como todos, pero no era una persona confl ictiva”, mencionó una vecina que no quiso dar su nombre.

Para los vecinos de ambas colonias los jovencitos que forman parte de esas pandillas se la llevan deambulando por las calles hasta altas horas de la noche.

“Llaman la atención porque son como 50 chamacos, entre ellos niñas, que se la llevan con palos y bats, algunos andan escandalizando en los carros con garrafones de agua loca”, mencionó Carmen Leticia.

Otro de los residentes de la colonia Conquistadores dijo que días antes de que ocurriera el incidente de Clark Gómez con los pandilleros, él reportó al 060 a dos individuos armados en una esquina.

La casa donde vivía Clark Gómez luce llena de graffi ti y una de las vecinas comentó que fueron los pandilleros quienes pintaron la casa como un acto de venganza.

Publicado: 29 de enero 2008

Teme que pandilleros las ataquen de nuevo


La esposa e hijas de Clark Gómez, quien sigue preso, se mudaron de la colonia donde el 18 de noviembre pasado fueron agredidas por ‘cholos’

Por Zorayda Gallegos.

zgallegos@expreso.com.mx.

HERMOSILLO.- Desde que Ricardo Clark está en prisión, la vida de su familia ha cambiado radicalmente. Ahora su esposa Lizeth Cano es la que tiene que estar al pendiente de sus dos hijas, trabajar para su manutención y hacerse cargo de los gastos de su hogar.

“Yo no trabajaba porque él era el pilar de la familia, siempre estábamos juntos, íbamos a recoger a las niñas juntos y ahora hacerlo todo yo sola ha sido una responsabilidad muy grande”, manifestó la ama de casa.

Su vivienda en la colonia Conquistadores está deshabitada, contó, ya que ella y sus hijas están viviendo en casa de su mamá, por temor a ser agredidas por los delincuentes, y ella se dedica a la elaboración de coyotas para obtener dinero.

“Moralmente he cambiado mucho, me la llevo deprimida, el pensar que tengo que sacar a las niñas adelante, las colegiaturas, los pendientes, pagar recibos, en fi n, responsabilidades que antes compartía con él”, comentó.

Viven con pendiente La madre de familia vive en constante preocupación por sus hijas, dijo, ya que teme que en cualquier momento esos jovencitos las quieran atacar.

Todos los días la señora va por ellas a la escuela, mencionó, y trata de estar quince minutos antes de la salida ya que el otro día un grupo de jovencitos estaba afuera del plantel esperando a que las jovencitas salieran.

“Él se preocupa, siente una impotencia muy grande por el riesgo que estamos corriendo y le duele no poder hacer nada, vivimos en constante temor”, manifestó.

Publicado: 30 de enero de 2008-06-29Le pidieron 35 mil pesos por otorgarle el perdón


A Ricardo Clark, luego de ser encarcelado, el abogado de los jóvenes pandilleros le pidió dinero para dejarlo libre

Por Zorayda Gallegos.

zgallegos@expreso.com.mx.

HERMOSILLO.- Después de que Ricardo Clark se entregó a las autoridades, su familia ha sido víctima de insultos y amenazas, a tal grado que el abogado de uno de los jóvenes involucrados en los hechos le pidió entre 30 y 35 mil pesos para otorgarle el perdón.

“Cuando pasó todo fue un licenciado con mi esposo para decirle que uno de los muchachos le otorgaba el perdón a cambio de dinero”, relató Lizeth Cano.

La esposa de Clark Gómez, quien está en presión después de un incidente, en el cual él trató de defender a sus hijas de unos pandilleros, dijo que desde entonces los insultos por parte de los familiares de estos jovencitos no han cesado.

Los amenazaron “No tenemos esa cantidad y además es injusto porque mi esposo no fue a buscarlos, ellos lo provocaron y es como ir a regalar ese dinero, qué impotencia que estén sacando ventaja”, expreso.

Al día siguiente de que sucedieron los hechos, relató, la tía de uno de los jóvenes pandilleros llegó a su casa para amenazarla a bordo de su vehículo.

“Lo bueno es que había testigos, nos gritó de su carro y nos dijo que si ya se habían llevado al asesino, nos apuntó con el dedo y dijo: voy a usar todo mi poder para que sufran todo lo que hicieron y me voy a encargar de que no salga”, contó.

Ante esta situación, Lizeth puso una denuncia en la agencia investigadora y después interpuso otra en el área de visitaduría de la Procuraduría.

Publicado: 5 de febrero 2008

Analizará caso Clark


HERMOSILLO.- El abogado Francisco de Asís López Encinas se ofreció a analizar el caso de Ricardo Clark, el padre de familia que aún se encuentra encarcelado después de haber herido a dos pandilleros por defender de una agresión a su hija.

El jurista hermosillense, con casi cuatro décadas de experiencia, revisará la situación de Clark para comentar cuáles son las diversas alternativas que tiene para su defensa, luego de que la fi gura de legítima defensa en sus acciones no ha podido ser acreditada.

“Puede buscarse qué excluyente de responsabilidad sí puede hacer valer en su caso”, mencionó el abogado sobre el caso de Clark, quien apeló el auto de formal prisión ante el Supremo Tribunal para intentar salir libre.

“Creo que la apelación tampoco es un buen paso, estos procesos llevan mucho tiempo y en el Poder Judicial van atrasados, yo hubiera preferido el amparo”, opinó.

jueves, agosto 21, 2008

El Sur está llegando al Norte



Por Sandra Romandía Vega

sandraromandia@expreso.com.mx

ARRIAGA, Chiapas.- Nunca Sonora fue tan turístico. Jamás la frontera fue tan codiciada, tan acariciada desde lejos, a más de 3 mil kilómetros de distancia.

En esta ciudad del estado de Chiapas el calor es sofocante y más a las 2 de la tarde, cuando la tierra ya está caliente.

En una calle estrecha sin nombre, sin pavimentar, sin aparecer quizá en el mapa, se encuentra una pequeña casa con anuncios en sus paredes: “Agencia turística ofrece viajes a Nogales, Altar, Tijuana, Cd. Juárez”.

Es la frontera sur del país, a unos minutos de su colindancia con Guatemala, en donde los indocumentados centroamericanos y los mismos chiapanecos llegan para buscar satisfacer algo más que un sueño, una necesidad: emigrar.

Poco es el pavimento que hay en las calles de aquí. Mucho es el calor, la humedad, y la desolación de un pueblo costero que es el punto de reunión de los emigrantes que buscan ir hacia el norte del país colgados en el tren o en autobús de las llamadas agencias turísticas.

Desde hace dos años cuando el huracán Stan destrozó parte de las vías que iniciaban en Tapachula, ahora Arriaga es el punto de fijación para quienes buscan la frontera norte.

Sonora es bien conocido, es un estado popular en Chiapas. “Es una ruta floja”, comentan los centroamericanos al referir que, según lo que les han dicho, es más sencillo cruzar por ahí a Estados Unidos. En esta frontera, se calcula que diariamente más de 600 indocumentados tratan de pasar para encontrar una vida mejor.

Sonora como opción

A unas diez cuadras de las vías del tren –desde donde se cuelgan quienes proyectan viajar sin pagar –se ubica el albergue Hogar de la Misericordia.

Adentro el olor recuerda al sudor de la piel de varios días añejo. Una veintena de personas duermen en el piso, con sólo un abanico que mitiga la temperatura.

¿Qué es lo que motiva a alguien emigrar, aún sabiendo de los riesgos altos de perecer en el intento? ¿Cuánta puede ser la desesperación para decidir dejarlo todo atrás? “Hambre, mucha hambre” es la contestación de Laura.

Ella, como 500 personas mas al mes, se encuentra en el albergue Hogar de la Misericordia, en la ciudad de Arriaga, porque se le acabó el dinero a la mitad del camino.

Laura es de Honduras, de San Pedro Sula y tiene una semana caminando en busca de llegar algún día a Estados Unidos.

Sentada en un humilde sillón de madera, Laura sostiene entre sus manos una lata de sardinas ya vacía y respira hondo. Luce tensa y evita mirar a esta periodista igual que lo hacen los demás inquilinos del albergue.

No viaja sola. Su pequeña de 3 años de edad, de nombre Cherlyn, la acompaña en su pesada travesía de asaltos, caminatas, altas temperaturas y riesgos. Cherlyn no corrió con la suerte, no mejor ni peor, de su hermanita de 8 meses, Adelita, quien tuvo que quedarse en Honduras al cuidado de su tía.

Laura carga 24 años a cuestas, una historia de pobreza, problemas y falta de oportunidades.

“Yo le dije a mi papá, mirá papá que me voy a los Estados Unidos aquí no hay pa más. El me dijo, mira vos si es lo que tu quieres adelante, cuidado con las niñas, vas a tener que dejarle una a Rosa (su hermana)”, cuenta con acento centroamericano.

Confiesa tener miedo. “Sí tengo miedo, la gente me mienta tantas cosas que me da miedo, pero con las manos de Dios todo se puede, tengo la fe en Dios que todo saldrá bien”, dice.

En la plática se suelta un poco más, y cuenta que buscará pasar por El Sásabe, Sonora, para ir a Utah a buscar a su hermano, pero todo dependerá del dinero que le manden y los coyotes que contacte su familia desde Estados Unidos.

Mueve constantemente las piernas y comienza a mirar a los ojos a esta periodista. Hace un gesto para contener lo que pudiera ser el comienzo de un llanto interminable pero se contiene. “Se me acabó la plata, me asaltaron los federales y estoy esperando a que me manden más… ya quiero llegar señorita, quiero ver a mi mamá ¿entiende? Hace diez años que no la veo”.

Luego con un suspiro hace otra mueca que amenaza con desenlazar una lágrima. “¿No crees que es mucho riesgo Laura?” se le pregunta. “No hay de otra, es emigrar o morir, y yo no quiero morir”, contesta con voz más baja, mirando al suelo y sin soltar aún la lata de sardinas.

Agencias turísticas: el traslado a Sonora

HUIXTLA, Chiapas. - Son 191 kilómetros de distancia a Arriaga, y cada vez se está más cerca de Guatemala.

Huixtla es un pueblo pequeño, casi mortecino. Lugar de paso en la carretera que se bifurca para llevar hacia Tapachula o a Ciudad Cuahutémoc. El calor es húmedo y poca gente se ve andar por las calles.

Sobre la calle-carretera, hay un pequeño local azul, con letrero de Turismo Peña. “Salidas a Tijuana los días miércoles y sábados, pasando por Chihuahua; Agua Prieta, Altar, Mexicali. Tel. 962 1094662”.

Justo en la puerta, pero desde dentro sentado en un banquito azul, un joven de apariencia sureña, tez morena, pelo negro y mirada de desaprobación observa a quiénes se acercan.

Al preguntar por los servicios, argumenta que hoy ya no hay salidas y se niega a dar más información.

Sin embargo, en otra “agencia turística” más adelante, la dependienta señala que las salidas son martes y jueves a las 7 de la mañana, y el costo en promedio es de mil 300 pesos. Que los destinos más solicitados son de Baja California, Sonora y Chihuahua.

La trabajadora que se negó a proporcionar su nombre, advirtió que ellos no contactan a polleros u otro tipo de personas que ayuden a cruzar la frontera.

Según registro de la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), en Chiapas se contabilizan sólo nueve agencias registradas como turísticas y que ofrecen traslados hasta la frontera norte.

Sin embargo en un recorrido realizado por distintos municipios, se pudo constatar la presencia de casi el doble de esta cifra.

El viaje de los sueños

POBLADO MIGUEL ALEMÁN, Sonora.- Hace 6 años, Elodia Gómez Santiago trabajaba como campesina en su pueblo natal, Acayucan, Veracruz. Sin agua corriente, electricidad, drenaje y demás servicios, veía pasar los días, hasta que una mañana le llegó el rumor de la posibilidad de tener una vida más digna.

“Me dijeron que en Sinaloa y Sonora se podía vivir mejor, que había trabajo y mejor paga”, comenta la señora de tres décadas de edad.

Ella es parte de las estadísticas que refieren que al año uno de cada 100 mexicanos, emigra a otro estado.

Viste blusa verde claro a flores, un pañuelo rojo en el cuello y una bolsa de dama cruzada al hombro. Junto con sus dos hijos de 12 y 13 años de edad, espera en una piedra sobre la carretera a Kino el camión que la llevará a su casa, en el ejido El Truinfo.

Con cierta nostalgia recuerda el día en que decidió cambiar su vida para venir a Sonora.

Un día como otros, relata, llegó un señor a ofrecerle trabajar en el campo al norte del país, con la posibilidad de que si quería después se podía cruzar a Estados Unidos.

Aceptó y en un camión al parecer rentado llegó al estado junto con su esposo e hijos, y acompañada de una veintena de jornaleros sureños más que se aventuraron con la esperanza de tener un mejor nivel de vida.

“Aquí estoy bien. Allá me pagaban menos de 400 pesos a la semana y aquí 600 en casi todos los campos. Mis niños van a la escuela y yo ando ahorrando para hacerme de un solarcito… allá nunca me hubiera podido hacer de un solar”, dice.

Su historia, va de la mano con las conclusiones del Consejo Nacional de Población, que señalan a la frontera norte como el principal destino de la migración interna actual.

lunes, agosto 18, 2008

UNA CAZA DE PLACERES, (Cuando Hermosillo duerme)


Mientras miles de personas sueñan en las camas de su hogar; otras tantas, usan la noche para trabajar en camas ajenas

Por Sandra Romandía Vega

sandraromandia@expreso.com.mx

HERMOSILLO.- Revisar la sanidad íntima de una mujer no pareciera ser fácil. Para los inspectores de sexoservidoras, sí lo es. Todo fuera como pedir una tarjeta que demuestre la salud de su cuerpo en operativos nocturnos; cuando la mayoría de los hermosillenses duerme. Cuando en la zona de tolerancia de la ciudad, hay bares y otros lugares donde la acción apenas empieza.

En uno de esos establecimientos, “Eugenia” está parada de frente al mostrador del bar. No se ve su cara ni es fácil imaginarla. Su parte trasera, muestra un cuerpo algo chueco, con los glúteos levantados a propósito; un pantalón ajustado, cabellera oscura con canas, larga y descuidada. Manos recargadas a la barra. Entonces voltea al escuchar un alboroto: los inspectores llegaron.

No hay necesidad de prender las luces, porque el bar ya es de por sí muy iluminado. Es un lugar con olor a sudor añejo e historias con sabor a cerveza de caguama. Hay sillas de plástico con la marca de una bebida; hay una rockola. Hay algunos hombres sentados tomando de un vaso pequeño.

“Disculpe venimos a la inspección”, dice uno de los trabajadores de Salud Municipal. Parece sorprendido al observar que sólo hay una mujer en el sitio. Se acerca. Revisa la tarjeta, “Eugenia” debe acudir el lunes por nuevos exámenes médicos, según el registro que muestra. Aparte de eso, todo en orden.

*

Ese día despertó muy temprano para hacerse el café de siempre, limpiar la casa y alistarse. “Eugenia”, mientras cuenta sobre su rutina de vida, pronuncia la palabra “alistarse” con un tono de profunda rigurosidad, como si fuera de las actividades mañaneras más importantes.

Para el mediodía ya había comido frijoles guisados, “hay que ahorrar para el cochino examen médico ese que cuesta tan caro”, cuenta con evidente trabajo al hablar: tiene problemas en la dentadura escasa, deteriorada y vencida por el tiempo y los vicios.

También le es difícil abrir los ojos y mantenerlos fijos por un rato; eso no se sabe por qué.

“Yo empecé desde los 16 años en esto, cuando me divorcié; sí señorita. Primero empecé de mesera en los bares, luego viene lo otro, pues”, dice mientras abre y cierra los ojos constantemente, además de mover la boca hacia adentro. Su piel tostada y colgada por los 55 años a cuestas, es su herramienta de trabajo.

Cuenta que también es mesera ocasional en ese bar del centro de la ciudad; pero su labor principal es de sexoservidora. “No se puede tapar, ¿cómo dicen? ¿el sol con un dedo?”, cuenta al aclarar su profesión.

*

El operativo nocturno del Municipio para hacer revisión de sanidad a sexoservidoras es todo un espectáculo. Cuatro patrullas, tres carros distintos. Tienen apoyo de Policía Municipal, Contraloría y otras áreas. La fila de las unidades con torretas y luces encendidas, velocidad alta y una impunidad en los semáforos, hace pensar que algo grave está ocurriendo.

Entonces se estacionan frente a un local con una puerta inofensiva y anónima de la calle Sonora, en el centro de la ciudad. Sale una señora grande con facha de estar en su casa, pero no es así.

Al entrar se visualiza un pasillo al lado izquierdo que, asomándose, muestra varias puertas de dormitorios.

La señora de facha hogareña dice que es su negocio, una casa de huéspedes, que todo está en orden y es entonces que los inspectores le dicen que sólo harán una revisión de las tarjetas sanitarias a las prostitutas que estén.

De pronto, dos cuerpos húmedos salen de una habitación. Llevan el cabello mojado, y huelen a jabón chico. Él es un hombre de tono oscuro con apariencia de sureño, y ella, es amplia de cuerpo, cabello corto claro, y voz muy fuerte que dice “¡Hey! ¿Me van a pedir la tarjeta? No la traigo… ¿me van a llevar?”.

Entonces el inspector principal le explica que tiene que llevarla a levantarle un acta administrativa porque no está regularizada, y que además, será notificada para que acuda a hacerse los exámenes médicos necesarios.

Ella hace un gesto de desaprobación y sale con una bolsa bajo el brazo, con la cara limpia, el cabello mojado, y una vestimenta discreta para ser una sexoservidora.

*

Eran las once de la noche del sábado y “Eugenia” no había conseguido muchos clientes a pesar de ser fin de semana. Eso no le preocupa mucho; todos sus cinco hijos están casados y mantienen “decentemente” a sus 11 nietos, dice.

“Con que saque para un kilo de frijol y un litro de aceite está bien; vivo con un amigo así que el me ‘aliviana’”, cuenta mientras se acomoda el cabello con ambas manos, jalándoselo hacia abajo, como un tic nervioso.

*

Casi es media noche y el operativo continúa. Las unidades se detienen frente a un lugar de “bailarinas exóticas”, también en el centro de la ciudad, más cerca del Cerro de la Campana.

La luz tenue interior, se torna de pronto radiante. Varios cuerpos delineados dejan de bailar y, todavía semidesnudos, pasan a la parte de arriba del lugar, lo que parece un camerino.

“Venimos a pedirles su tarjeta sanitaria, pasen una por una, por favor”, dice el inspector en tono amable.

Entonces todas las mujeres del cuarto, que no rebasan los 25 años, presentan en orden sus documentos. Los policías de apoyo observan todo y a veces hacen bromas. “Aquí nos quedamos”, le dice uno a otro, y ríen.

Las jovencitas ni siquiera voltean a ver a quienes las observan; aprovechan para cambiarse el sostén o la tanga sin pudor alguno. Todo el orden, dicen los inspectores.

*

“Eugenia” a veces baila en el bar, pero ese sábado no lo hizo.

“Ando de luto, se me murió una tía… ¿triste? Triste no estoy, ahora ella está feliz, está descansando, ella está bien… y yo mientras aquí, trabajando, ¿ve? ‘Tá difícil, no completo ni para los exámenes de la tarjeta, son cuatrocientos treinta pesos, ¿se imagina? No’mbre; si tengo voy a ir, si no, pues no”.

El sábado terminó y llegó la madrugada del domingo. Las horas pasan y “Eugenia”, hasta el mediodía, no juntó el dinero requerido para hacerse el examen médico y conseguir su tarjeta sanitaria que le permita laborar bajo la ley. Deberá trabajar clandestinamente para lograr dinero y regularizarse. De forma irregular para conseguir los frijoles y el litro de aceite, también.





Postales de Cuba



Y de pronto estás ahí... en el paraíso















Y de pronto estás ahí... donde se acaba la isla























Y de pronto estás ahí... con el carro malogrado en la Habana Vieja

domingo, agosto 17, 2008

¿A dónde van los indefensos?


¿Qué se siente defender a un ladrón, a un violador a un asesino? Cuando no se tiene opción de rechazar el expediente, como el caso de los defensores de oficio, no es tarea fácil. Una madre de tres niños pequeños ha tenido que ser la defensora de un padre que mató a su bebé de 2 años a golpes después de haberle tumbado los dientes y amarrarlo a un lavadero.¿Cómo defender con fervor y ética lo indefendible?

Larisa Rodríguez Pacheco es una de estas personas. Con 8 años de experiencia ha vivido miles de vidas a través de sus casos. Su calma ante los casos difíciles le aligera el día.


HERMOSILLO.- Aquella madrugada Lariza soñó con el caso: vio al padre cuando mataba a su hijo de dos años a golpes. Se sintió desesperada hasta que despertó. Recuerda haberse conmocionado: “no puede ser que los asuntos del trabajo me preocupen hasta en mis sueños”, se dijo a sí misma. Su esposo, esa noche, no se despertó.

Al otro día más de cien expedientes la esperaban en la oficina. Ser la esperanza de salvación para tantos procesados no es cosa fácil.

En la sala de espera de la oficina ubicada a un lado del Juzgado V, una pizarra con estadísticas impresas en papel cuelga de la pared. “EVALUACIÓN CIUDADANA. Observación de usuarios: Contar con más defensores de oficio”.

Adentro, en su austera oficina, Lariza Rodríguez Pacheco trata de explicarle a una mujer qué es lo que procederá en el caso de su pariente que está encarcelado en espera de sentencia.

Son las 12 de mediodía y Lariza antes ya había bañado, cambiado y alimentado a sus tres pequeños hijos; había estado en un careo defendiendo a un procesado; dio asesorías telefónicas; atendió seis seguimientos de casos en su oficina, y ahora está respondiendo preguntas a una reportera.

No hace calor pero se echa viento en la cara con un movimiento de manos porque dice estar muy “carrereada”. Sonríe intensamente a manera de disculpa.

Abogar por un violador

¿Defender a delincuentes puede ser una tarea fascinante? Para Lariza Rodríguez sí lo es.

Está sentada en su escritorio, acariciando la laptop de doble teclado que ella misma llevó ahí porque no contaba con computadora. Tiene cara de niña feliz, habla con suavidad, comprensión y con una pronunciación de tono “fresa”.

El título que la muestra como egresada de la Universidad de Sonora cuelga en la pared.

Han pasado 8 años ya desde que inició como defensora de oficio, primero en una agencia del ministerio público, y hace dos años en el Juzgado V.

“Cada expediente es una historia, aunque sea el mismo delito, el mismo juzgado y defensor, las historias son diferentes”, comenta con un dejo de asombro.

Al hablar luce profesional y tranquila, imposible de imaginar que algún día sufrió por adaptarse al ambiente laboral, y que hubo expedientes que le sobresaltaron al grado de no dejarla dormir.

“Una vez me tocó un caso que me impresionó mucho: era un señor de La Costa que mató a su hijo de 2 años a golpes; yo tengo niños chiquitos y me impresionó mucho… Pero esto es así y no tengo que olvidar que son personas, que las circunstancias y las situaciones los trajeron aquí. Son personas producto de esta sociedad y hay que velar por sus garantías así hayan violado, matado o lesionado”, dice.

Ese es el caso con el que tuvo pesadillas. Todo derivó de su impresión cuando, en la realidad, vio las fotos del pequeño muerto, ya sin dientes. Tampoco pudo olvidar nunca las declaraciones del papá que aceptó haberlo matado porque se portaba mal.

¿A dónde van los indefensos?

Los indefensos no van a ningún lado: esperan su sentencia y antes de ella una defensa que los salve. Puede pasar un mes o un año en el transcurso. Pueden presentarse pruebas, testigos y esperanzas. Todo dependerá de su expediente, su historia y el trabajo del abogado que les fue asignado gratuitamente por el Estado.

El único inconveniente es que sólo hay un defensor de oficio por instancia y debe de enfrentarse a centenares de casos complicados.

¿Representa una defensa real?

Más del 90% de las historias, están relacionadas con familias desintegradas o disfuncionales y con personas que no terminaron a veces ni la primaria.

De los expedientes que se llevan en el Juzgado V, Lariza Rodríguez atiende alrededor del 80%. Asegura hacerlo con calidad y ganas.

“La diferencia con un abogado particular, es que el abogado puede pedir el expediente leerlo y decir, lo tomo o lo dejo. Nosotros los defensores no. Es: sí o sí”, señala cuando de pronto entra a la oficina un joven para darle las gracias.

Ese día quedó libre de toda culpa en un caso y Lariza fue su abogada. “Vengo para pedirle la tarjeta para la pachanga y muchas gracias de verdad”, dice el joven de gorra y bigote ralo. Se va y Lariza Rodríguez le sonríe. Dice que casos de agradecimiento se repiten seguido.

Cuando Hermosillo duerme

De esperas a esperas los hospitales viven y, en ellos, cientos de personas sobreviven

Mientras la mayoría de los ciudadanos duerme, la sala de espera de un hospital hierve en actividad. Está viva desde la noche hasta el amanecer

Por Sandra Romandía Vega

sandraromandia@expreso.com.mx

HERMOSILLO.- “¿Sabe cómo se siente cuando la sangre chorrea por todo el cuerpo? Es un pegamento, señorita, es un pegamento duro así, que pega toda la ropa hasta que se pone dura –dice Óscar Hernández, mientras espera por fuera de la sala de urgencias del Hospital General del Estado.

En su cuerpo guarda la marca de cinco balas y las cicatrices las muestra con cierto gesto de orgullo. Todas ellas son producto del enfrentamiento contra el Ejército Zapatista el 1° de enero de 1994, allá en su tierra, Chiapas. Y la escena que recuerda es la de ese día, cuando el gobierno mintió acerca del número de soldados caídos en la lucha.

–Pasaban los tractores y levantaban los cuerpos; después los tiraban a unas fosas grandes y con la misma maquinaria los aplastaban… horrible. ¿Sabe cómo suena cuando se aplasta un sapo? Así sonaba. Luego les echaban tierra encima y ahí quedaban –relata.

Ha pasado la medianoche y Oscar permanece por fuera del HGE. Esta vez no es él el atendido, sino una compañera cuyo nombre ni siquiera quiso recordar.

–Le ofrecí mi casa, pensé que era una mujer buena… ahora se enfermó y tuve que traerla.

*

Aún con las horas encima, los alrededores e interior del hospital asoman una madrugada viva. Hay gente que camina, que llora, que reza, que duerme y ronca. Gente que maldice.

Afuera, en una jardinera de concreto, se escuchan los gritos de un señor. El viejo, sentado, llora como un niño con barba blanca y arrugas muy pronunciadas, con la insistencia de un infante que perdió un juguete, pero esta vez no era un juguete, sino su esposa. Luce inconsolable y no deja de hacer un puchero que aprendió a hacer quizá desde su niñez. Dos mujeres a su lado lo abrazan, gritando también y es entonces que el llanto se confunde con el aullido de los perros en las casas de la colonia San Benito. Las mujeres lo consuelan, le dicen “no estarás solo”. Hace un frío que quema.

*

Óscar pasó ayer la noche y madrugada en el hospital porque llevó a una amiga con la que comparte su casa en la colonia Café Combate.

Meses antes la había encontrado durmiendo en la banqueta frente a la Universidad de Sonora y pensó que sería un buen gesto de solidaridad ofrecerle techo. “Tiene muchos problemas, pensé que era una buena mujer pero tiene todo un pasado… tres hijos en la cárcel, y uno de ellos mató a su otro hijo y pues por todo eso se le sube mucho la presión, ya ve, por eso estoy aquí”, explica a la vez que presume que él sí goza de buena salud, a excepción de su vista que, desde el enfrentamiento con el EZLN, quedó lastimada y no puede recibir demasiada luz. Por eso utiliza lentes oscuros todo el tiempo.

*

De adentro de la sala de espera, sale un hombre con rasgos sureños. Ya había estado merodeando desde la noche. Con movimientos que pareciera no puede controlar, se acerca y pide dinero para comer porque asegura haber venido desde Veracruz en busca de trabajo pero “todo está difícil”. Minutos antes había devorado con evidente excitación un tamal de carne que una señora le regaló.

Sonriendo –con la boca llena de residuos de masa –se acerca, quien asegura llamarse Bernardo, y dice:

–Mire, yo sé hablar inglés, ¿quiere ver?: ‘finis arizona’… ¿ah verdad? Quisiera que la gente ‘contetara’ en inglés. Ahí le va otra: ‘Guatulase’, ve que sí hablo inglés, oiga –menciona en voz tembleque pero no aparenta padecer el frío. Lleva un perfume olor a mezcal.

A lo lejos, se escucha el murmullo de decenas de personas que esperan a familiares. Se escuchan chanclazos, suelas de caminar perezoso, pantuflas arrastradas. La gente entra y sale. Se ven cabezas con caras lavadas, ojos rojizos, cachetes hinchados, cuerpos deambulando: nadie disfruta estar ahí. Ya va a amanecer.

*

Óscar cuenta su vida con la ligereza de un chiste. Todo lo que vivió en Chiapas aquél día de enero, quedó atrás. Incluso su esposa y una hija quedaron atrás, enterradas entre los muertos que fueron víctima de los enfrentamientos.

–Los del subcomandante estaban muy preparados. Yo acostado no más tiraba y tiraba pero ellos tiraban y hacían unos movimientos, quién sabe como, pero le atinaban y no murieron tantos –recuerda.

Después de un año de cuidados en un hospital, hace 13 años vino a Sonora a disfrutar su pensión por parte del Ejército Mexicano. Tiene tres terrenos pero no tiene familia para compartirlos, dice. Le gustaría regresarse a su estado con “una muñequita” a su lado, comenta mientras ríe.

De pronto, casi cuando empieza a clarear, una mujer madura de aspecto descuidado y vientre abultado sale del hospital, se le acerca y ordena un “vámonos”. Fue dada de alta aunque tiene cara de enferma.

Óscar le ayuda a caminar y se despide sonriendo porque acabó el martirio de la espera y del frío que lo hace temblar. Dice adiós a las jardineras de concreto con ambiente de 6 grados centígrados y a la sala de espera de adentro que todavía guarda para la mañana siguiente una treintena de personas durmiendo, roncando o sollozando.