La historia de un hombre que acabó con la fortuna de su suegro, y dejó sin pan a sus empleados además de hacer un negocio redondo con sus propios bienes en busca de mantener la riqueza perdida.
“El señor Fourcade era el más rico de Guaymas; y terminó sus últimos días viviendo solo, en un cuarto fiado de hotel”
“Cuando bajaron a tierra los trabajadores tuvieron la grácil sospecha de que algo no andaba bien”
“René hizo una jugada como quien empeña a su hijo y después va y lo roba de la misma tienda”
Por Sandra Romandía
GUAYMAS.- Los pescadores se habían abrazado, como cada retorno, al llegar a tierra firme. Eran casi veinte, y con ellos casi veinte sonrisas. Casi veinte pechos vaciados en la satisfacción del regreso a casa con vida y, además, con un salario que estaban a punto de recibir después de tres semanas de navego en alta mar en busca de camarón, en el área de Topolobampo, Sinaloa.
Eran días previos a la navidad del 2001. Justo siete años después de que el país viviera una de sus peores crisis económicas que retumbó en cada rincón. En ese tiempo el puerto pesquero de Guaymas ya se recuperaba poco a poco. Las familias pesqueras habían salido adelante con ayuda de cada miembro, pero aún los padres eran el sostén del hogar.
Era casi navidad del 2001. Un clima difícil de olvidar que humedecía los tubos de acero de las embarcaciones, hacía sacar vapor de frío en las madrugadas, y congelaba a veces los pequeños charcos de agua de los tres barcos en los que andaban.
Cuando bajaron a tierra los trabajadores tuvieron la grácil sospecha de que algo no andaba bien. Algunos ya tenían experiencia en ese tipo de contingencias y vivieron la anécdota una vez más: no abría pago alguno.
Después de llegar al puerto fueron trasladados en camión a Guaymas donde los esperaría en su oficina la secretaria y los demás empleados.
Al llegar al lugar del pago, después de un viaje de varias horas, los pescadores vieron los rostros de los empleados administrativos. Todos ellos tenían la típica cara de vergüenza que solían ofrecer cuando no había más que dar -recuerda un trabajador que prefiere el anonimato y añade –“nos la habían hecho una vez más: el salario para después”.
Ahí empezó uno de los días más significativos en la vida de los más de diez trabajadores que llenaron de expedientes de demandas los escritorios de los abogados de René Cervantes Hernández, el hombre que dejó sin pan en varias ocasiones a sus empleados y que, además, supo manejar el don de terminar en unos años una fortuna familiar milenaria e históricamente conocida en toda la ciudad de Guaymas.
¿Quién se acabó la fortuna?
Entre quienes lo veían, pocos creían que un solo hombre pudiera quedar tantas veces mal a sus empleados y que además fuera capaz de encabezar fraudes y problemas legales de todo tipo.
René era en ese entonces un hombre sonriente, muy bien parecido, alto y blanco con figura esbelta –recuerda un ex empleado –de ese tipo de hombres que no parecían empresarios pero sí se veían siempre ocupados; nunca duraba más de una hora en la oficina. Era acelerado en su forma de hablar y fácilmente le bajaba el cielo, la luna y las estrellas a un empleado con tal de arreglar una situación, aunque después no cumpliera, dice.
Pocos se imaginarían, quizá, que ese mismo hombre iba a acabar con la vida empresarial de los once barcos que heredó su esposa y que, no obstante, terminaría por convenir un plan final en un “negocio redondo”, en el que a sus mismos empleados les vería “la cara” nuevamente.
La historia de amor
Guaymas 1980.
Francisco Forucade, el hombre conocido como uno de los millonarios más importantes Guaymas llevó a su hija veinteañera, María Antonieta Fourcade, a la agencia de carros Nissan en busca de una nueva unidad.
El proceso de elección no fue difícil y al final su padre le preguntó:
–Entonces, ¿qué carro vas a querer?
–Quiero ese que está allí –señaló con el dedo a René Cervantes, en ese entonces de más de veinte años de edad –no quiero carro, lo quiero a él.
René era guapo y muy bien parecido, todo el mundo lo dice. Ella se fijó en él y se aferró en casarse aún en contra de la voluntad de su papá, recuerda un abogado cercano a los casos de demandas.
“Le fue bien (a René)… ¿por qué? Pues porque se casó con la hija del más rico de Guaymas, así de sencillo”, reconoce su hermana Maricela Cervantes quien recibe a esta reportera en una casa visiblemente humilde ubicada en el centro de la ciudad sobre una calle sin pavimentar.
René fue criado en el barrio, entre los niños de las colonias populares del puerto. Creció y vivió hasta su matrimonio en la pequeña casa vieja ubicada en la calle Séptima y Veinte. De adolescente quizá nunca imaginó que su suerte cambiaría al conocer a una mujer tan rica como la propia fortuna de la empresa de barcos más importante de Guaymas.
A principios de los ochentas la pareja finalmente venció y se casó. Procrearon a dos hijos.
El declive
¿Cómo puede una fortuna familiar ir desapareciendo poco a poco, como se consume el segundo piso de un reloj de arena?
La empresa Pesquera Trans/american S.A. de C.V. se constituyó en 1991 por el señor Fourcade. Sería la última sociedad que formaría antes de acabar su fortuna en manos de su yerno.
Tres años después el yerno, René Cervantes, constituiría el día 25 de mayo la empresa Rema S.A.de C.V. para administrar los 12 barcos sardineros y camaroneros que su suegro le dejó mientras se fue a viajar por el mundo por placer, aunque también los rumores pueblerinos señalan que huyó por problemas con la justicia.
A partir de esa fecha las cuentas empezaron a salir mal. En la plaza frente a Palacio Municipal de Guaymas, los viejos pensionados que a diario se sientan en las bancas a platicar de las noticias y del pasado, comenzaron a reconstruir una historia. Un mito, una leyenda y una verdad de cómo se fue para abajo la fortuna Forucade, por tanto tiempo una familia imponente en el puerto.
Durante más de siete años, René Cervantes se dedicó a viajar con su familia, a comprar carros y divertirse en otras ciudades, cuenta un ex empleado.
De pronto la falta de dinero se empezó a notar: se comenzó a hacer constante el retraso en el pago de nómina y a veces éste nunca llegó. Así pasaron varios años de inconformidades, enojos, despidos arbitrarios y ausencia de cobertura de honorarios.
Aquella navidad del 2001, los pescadores habían conseguido más de una tonelada y media de camarón durante tres semanas de viaje. Habían ofrecido el primer camarón al altar de la Virgen de Guadalupe que siempre los observaba acomodado en el centro del barco Rema VIII, cuyo patrón en esa ocasión era Francisco Uruchurtu López. Durante los días en altamar unos a otros se contaban qué les comprarían a sus hijos por la llegada de Santa Clós, el que nunca llegaría.
Un día después de que arribaron a tierra, cuando se convencieron de que no les pagarían lo acordado, una decena de empleados quebró a pedradas los cristales de las oficinas de Pesquera Rema. Furiosos, tomaron rocas de la calle y despedazaron ventanales enteros. Era tarde ya y faltaban algunas horas para el 24 de diciembre. Abandonaron el lugar después del acto y se fueron tristes, convencidos de que no tendrían posibilidad ya de conseguir dinero para comprar regalos.
Las demandas
A partir del año 2000 René Cervantes fue acusado en varias demandas laborales que, en su mayoría, no prosperaron por la falta de recursos económicos de los inconformes.
El abogado Sergio Balmori fue su defensa oficial en casi todos los juicios hasta que, finalmente, dejó de ser su servidor por las mismas razones por las que sus empleados lo demandaron: René nunca pagó honorarios.
Sergio Balmori recibe a esta reportera en su despacho ubicado en la colonia Centenario, en Hermosillo. Toda su oficina es adornada con figuras de motocicletas y reconocimientos de campeonatos de tiro y travesías en motocicleta. El licenciado Balmori, por su aspecto, no tiene menos de 50 años. Hay una pregunta clave para él:
− ¿Dónde está el señor René Cervantes ahora?
− Esa es buena pregunta señorita. Si usted sabe, no deje de avisarme.
En los últimos tres años, nadie sabe de su paradero. Se dice que lo ven de vez en cuando en Guaymas, de cuando en vez en Hermosillo, pero la mayoría del tiempo está en Estados Unidos, en San Diego.
Aunque no se tuvo acceso a un registro oficial, se calcula que René Cervantes cuenta con más de diez demandas laborales, además de juicios de otro tipo.
El expediente 131/02 fue un caso extraordinario. Varios empleados lo demandaron y finalmente ganaron el caso quedándose con algunos bienes como pago por indemnización.
El negocio, la jugada final
Aparte del expediente 131/02, hubo otro caso particular: el 720/03. En éste, dos empleados, Fernando Salazar Miranda y Jesús Antonio Ojeda Dena, demandaron igualmente a Cervantes Hernández en el año 2003.
El proceso continuó hasta dos años después cuando se dictó laudo: los ex empleados ganaron y al fin tendrían justicia.
La Junta Especial Número 23 de la Federal de Conciliación y Arbitraje resolvió que los daños por salarios no pagados y acumulativos a la fecha ascendían a 3 millones 485 mil pesos.
Durante el juicio, René jugó una última carta: declaró como suyos unos bienes inmuebles y barcos para, en caso de perder, se pagara a los empleados con ello, aunque al final no fue así.
El día 25 de mayo del 2005 la Junta celebró un remate que se llevaría a cabo para recuperar, a través de la venta un terreno y varios barcos, la cantidad pactada por la Junta.
El caso estaba perdido y René veía cómo se venían abajo las últimas piezas de su patrimonio.
Las piezas que no embonan
René jamás aceptó perder lo que le quedaba. Jamás. Hasta el último momento buscó hacer un movimiento que le permitiera tener margen para no ceder.
Esta, fue la historia final.
En el último juicio de remate de un terreno en Guaymas y 6 embarcaciones de nombre Rema I, Rema II, Rema III, Rema V, Rema X y María del Socorro, se interpuso un amparo de lo más extraño: resultó que los dueños de esos bienes no era René, sino su hija, su esposa, su compadre y su primo.
El amparo fue el número 854/05 y fue concedido por el segundo magistrado colegiado de asuntos laborales, Ruiz Miranda. Para solicitar el amparo, los inconformes exhibieron escrituras públicas de compra venta de los barcos aún cuando éstos estaban señalados dentro de un juicio. Además, una de las escrituras firmada en la Notaría Pública de Enrique Ahumada Tarín resultó ser falsa, hecho que comprobó el mismo notario.
Aún así, el amparo se aprobó.
Las piezas, quedan sueltas aún dentro de los últimos movimientos en la vida de René Cervantes.
“René hizo una jugada como quien empeña a su hijo y después va y lo roba de la misma tienda”, comenta uno de los viejos de la Plaza Bernardo que a diario se juntan a platicar de la vida.
Las preguntas en torno al caso no cesan.
¿Por qué un magistrado federal otorga un amparo basado en escrituras falsas? ¿Por qué la Junta Federal Número 23 no acata una suspensión de amparo que existe, gracias a la promoción de un tercer afectado? ¿Cómo pudo René vender sus bienes durante un proceso laboral en el que estaban señalados para posible embargo? ¿Cuánto tiempo deberá pasar después de estos 5 años en los que los empleados no han recibido justicia? ¿Hasta cuándo podrá René permanecer ausente sin asumir las consecuencias de la irresponsabilidad patronal que cargó por muchos años?
Hace algunos años, Francisco Fourcade, el gran autor de la fortuna milenaria en Guaymas, murió. Estuvo casi dos meses viviendo en un cuarto del hotel Armida en el puerto. Un cuarto que le fiaba el dueño, porque para entonces ya no tenía fortuna. Todavía 10 años antes de su muerte, el señor Fourcade comentaba con sus amigos en algunas borracheras: “a mí el que me hizo rico fue mi yerno… porque yo era millonario”.
El día de su muerte, la camarera lo encontró convulsionando en su cuarto de hotel, solo y sin fortuna. Víctima de cáncer el señor Fourcade dejó de existir. Acabó su vida, su cuerpo al tiempo que también se había acabado ya su fortuna.